martes, 27 de octubre de 2009


Independencia sindical y perspectivas en el futuro inmediato.

J. Manuel Marañón

CC OO, primera organización de este país, está permanentemente sometida, como es lógico, al análisis público de sus actuaciones y eso se acentúa aún más en situaciones de crisis económica como la actual en la que los principales perjudicados son los trabajadores y las trabajadoras.
Insisto que me parece legítima la crítica pública de nuestra actuación. Pero hay un tema que más o menos soterradamente circula, al menos en parte de las críticas que se no hacen, que no quisiera pasar por alto. Es lo que se refiere a la independencia sindical y a la convocatoria de una huelga general. Y no es un problema de declaraciones formales de esta independencia sino de demostración permanente en nuestra actuación cotidiana. Y lo digo porque, en este país, estamos demasiado acostumbrados a que una cosa son las declaraciones y otra las actuaciones. No hay más que pensar en la Sra. Aguirre.
Esta “cantinela soterrada” se lanza desde ámbitos conservadores, medios de comunicación (que, por supuesto se autotitulan de independientes), medios políticos, medios sociales y entre ciertos sectores de la gente de la calle. Pero, también, en medios de la izquierda con mayor menor fuerza institucional. Lógicamente, desde CC OO y, en general, desde el sindicalismo de clase rebatimos con nuestra actuación cotidiana estas impresiones.
Quizás el primer error de algunos es que no se han enterado o no se han querido enterar de que CC OO vela por intereses de parte. Nosotros estamos aquí para hacer valer los derechos de los trabajadores y las trabajadoras y de las clases populares, que constituyen, por otra parte, la mayoría de esta sociedad. Y si a ello añadimos que entendemos que el trabajo debe estar en el centro de esa sociedad, concluiremos que, también, nos preocupamos por los intereses generales. Pero, insisto, lo hacemos en tanto en cuanto velamos por los derechos de la mayoría social que constituye la clase obrera.
También es conveniente recordar a los desmemoriados que CC OO ha convocado 5 huelgas generales en el período democrático, una en 1985, en solitario y cuatro más en 1988, 1992, 1994 y 2002 junto a UGT. Y todas ellas con un denominador común; la convocatoria se hacía cuándo desde el Gobierno se planteaban reformas legislativas unilaterales que, entendimos, lesionaban gravemente los derechos laborales o sociales de los trabajadores y trabajadoras. Por cierto de esas huelgas generales, cuatro se hicieron contra gobiernos del PSOE y una contra un gobierno del PP.
Por lo tanto, insisto, nuevamente, a CC OO solamente le guía el interés de la clase trabajadora y hará una HG contra el gobierno si se le ocurre poner en marcha reformas que entendamos lesivas para los trabajadores y trabajadora.
Dicho lo cual, enfrentamos un periodo de movilizaciones importantes de aquí a finales de año. Movilizaciones en aquellas empresas que pretendan aprovechar la crisis para rebajar los derechos, los salarios, etc. sus asalariados/as, movilizaciones contra aquello sectores empresariales que tienen congelada la negociación colectiva porque, también, insisten en que la crisis la paguen los trabajadores/as. Movilizaciones, en fin, contra una cúpula empresarial que persigue una reforma laboral que no toque ninguna de sus ventajas y que les permita desregular e individualizar más las relaciones contractuales, fundamentalmente, parafraseando el título de un libro de Antonio Baylos, en lo que sería la violencia del acto el despido.
CC OO y UGT pedimos un nuevo marco de relaciones laborales con un mayor grado de corresponsabilidad en las decisiones empresariales, que, al fin y al cabo, van a tener incidencia en el porvenir de la vida de las personas que trabajan en ella, que se plantee un nuevo modelo de negociación colectiva…, pero que, en ningún caso, signifique más desregulación y menos derechos laborales.
CC OO y UGT demandan medidas de reactivación económica que palien el incremento del paro a corto plazo y medidas que se encaminen a la configuración de un nuevo modelo productivo que a medio plazo lleve a un sistema económico sostenible con actividades con mayor valor añadido que haga que las vidas de los trabajadores y trabajadoras estén menos sometidas al albur de decisiones que otros toman en ámbitos incontrolables para los poderes democráticamente constituidos.
Para acabar, se puede decir que estos razonamientos son obviedades. Quizás sí, pero la clase trabajadora los debe tener siempre presentes, porque desde esos ámbitos de decisión democráticamente incontrolables se intoxica permanentemente con sesudos análisis socioeconómicos, cuyo debate no debemos de rehuir y si no estamos atentos nos pueden hacer perder de vista las líneas generales que deben centrar, siempre, nuestra atención.


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