martes, 16 de agosto de 2011

A vueltas con la manifestación laica.

Leo asiduamente los artículos de un columnista habitual de "EL País", John Carlin. Me gustan tanto en su forma como, generalmente, en su fondo.
No ha ocurrido así con un artículo que publicó ayer titulado "Cadenas papistas" por lo que he enviado una carta la director del diario. Os reproduzco el artículo y la carta.
Cadenas papistas

JOHN CARLIN - El País-15/08/2011

Conocí una vez a un jesuita inglés que vivía en Crossroads, un gueto sudafricano muy pobre. Sus parroquianos, que disfrutaban mucho de sus misas, le habían dado un nombre en xhosa, el idioma de Mandela, que significaba Alegría. Esto fue durante los ochenta, la época más conflictiva del apartheid. Los habitantes de Crossroads, indignados, chocaban a diario con la policía.
En un enfrentamiento murieron tres jóvenes negros.Unas 10.000 personas desfilaron por Crossroads tras los ataúdes. A la cabeza estaba Alegría, cargando una cruz. La policía empezó a disparar y todos salieron corriendo salvo Alegría, que alzó la cruz al cielo, expuso su pecho a las balas y gritó una y otra vez, "Fuck off! Fuck off! Fuck off!" (piensen en algo entre "hijos de puta" y "a tomar por culo" y tendrán una idea del concepto que quería transmitir el representante del Vaticano en Crossroads a los defensores de la ley).
Hay pedófilos y, supongo, bastantes más pecadores mortales en el seno del clero católico. Pero también hay muchos héroes como el padre Alegría, varios de los cuales he conocido a lo largo de 30 años recorriendo las tierras abandonadas por Dios.
Los progres que se preparan para manifestarse contra el Papa en Madrid esta semana gritarán todo tipo de consignas -"De mis impuestos al Papa cero" y tal-, pero en el fondo lo que les motiva es un rechazo visceral ("Fuck off, Rat-zinger!") a la Iglesia. Porque en España uno difícilmente puede ser progre si no es anticatólico. La gente vive presa del pasado, incapaz de liberarse del trauma religioso del franquismo, encadenada emocionalmente a la Iglesia in saecula saeculorum. ¡Qué aburrimiento! ¡Libérense ya! Pasen del papismo de una santa vez. Que los jóvenes católicos vayan a orar con su pontífice en paz, que entre ellos, como en todo el mundo, hay gente buena y gente mala.
Y si me equivoco, y si la base de todo el alboroto que se va armar alrededor de la visita del Papa es puramente racional, pues seamos consecuentes. Abandonemos aquella ortodoxia progre que reza que hay que ser respetuosos y tolerantes con el islam. Juzguemos a todos los musulmanes también por sus ayatolás, Rouco, o sus terroristas suicidas, que no hace mucho mataron (con perdón de El Mundo) a 191 personas en Madrid. Y, ya que estamos, vayamos a manifestarnos contra aquellos grandes defensores de la ley sharía, la familia real saudí, que debe de estar de vacaciones por Málaga en estas fechas. ¿Alguien se anima?


CARTA AL DIRECTOR DE "EL PAÍS"

Sr. Director:
He leído con atención el último artículo de John Carlin titulado “Cadenas papistas“. Soy un enamorado de su escritura tanto en el fondo como en la forma.
Sin embargo, en relación con el antedicho artículo tengo dos discrepancias básicas. El jesuita “Alegría” lo mismo que Ignacio Ellacuría si viviera o los jesuitas que retrata la película “La Misión” estarían probablemente en la denominada “Marcha laica”, marcha organizada, entre otras, por numerosas organizaciones de cristianos de base.
Una segunda observación es que, en una democracia avanzada, si hay algo sagrado  son libertades como la religiosa, la de manifestación o la de reunión. Por lo tanto los jóvenes de la JMJ tienen todo el derecho a manifestarse y los de la marcha laica, también. El problema reside en hasta qué punto se pueden utilizar fondo públicos en un estado aconfesional para apoyar una actividad religiosa concreta.
Por cierto, soy agnóstico y mi apoyo  estará siempre con   aquellas personas, cristianas o no, cuyo compromiso vital se establece con los que los estén pasando mal en cualquier tiempo y lugar  como hizo Alegría en Sudáfrica, Ellacuría en El Salvador o los jesuitas de la Misión en el Paraguay de finales del XVIII.

J.Manuel Marañón G.

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