viernes, 18 de diciembre de 2015


Aitor Egurrola, el coleccionista de títulos

El portero del Barça de hockey, elogiado por su “inteligencia y liderazgo”, suma 58 torneos ganados e iguala el récord de Borregán


 
Aitor Egurrola, en el Palau Blaugrana. / JUAN BARBOSA

Para la mayoría, Aitor Egurrola (Barcelona, 1980), portero y capitán de la sección de hockey patines del F.C. Barcelona, es desconocido a pesar de tener más del doble de títulos que Messi, Xavi Hernández o Iniesta. En noviembre consiguió su título número 58, tras imponerse su equipo en Vic al Liceo por 6-5, en un partido en el que fue determinante parando un penalti. Egurrola es uno de los tres jugadores con más títulos de la historia del Barça: empata con Beto Borregán (exjugador de la misma disciplina) y solo es superado por David Barrufet, exportero de la sección de balonmano, que acumula en su palmarés la friolera de 70 títulos.
Egurrola comenzó en el hockey patines por casualidad cuando la madre de uno de sus compañeros de colegio convenció a varios alumnos para practicar este deporte en Castelldefels. En la temporada 1992-1993 jugó en el UE Horta y tres años después fichó por el Barça, con el que ha ganado 15 Ligas, 10 Copas de Europa y 10 Copas Continentales entre otros títulos. “Es una pena que en España el hockey sea un deporte minoritario. Si hubiese equipos más competitivos en el resto de España y no se concentrasen todos en Cataluña, sería más seguido. A ver si la temporada que viene asciende el Alcobendas. Quizás la gente se anime a seguir más este deporte con el gancho que supone la rivalidad entre Madrid y Barcelona”, declara Egurrola.
Si hubiese equipos más competitivos en el resto de España y no se concentrasen todos en Cataluña, sería más seguido. A ver si asciende el Alcobendas”
En el vestuario, El Pulpo es un referente: “Es un jugador muy inteligente, con mucha visión de juego. Sabe organizar muy bien a la defensa desde atrás. Creo que es como el buen vino, mejora con los años”, dice Ricard Muñoz, entrenador del conjunto azulgrana desde marzo de 2013. “Es un ejemplo para todos, no solo por su impresionante palmarés sino también por su humildad. Es sin duda el líder del grupo”, concluye Muñoz. Sergi Fernández (Mallorca, 1985), también portero del equipo, considera beneficiosa la competencia por dicho puesto: “Todos queremos jugar el mayor número posible de partidos, a nadie le gusta ser suplente. Pero un equipo como el Barça debe tener la máxima competencia en todas las posiciones. Aquí juegan los mejores”.
El protagonista resta importancia a su logro: “Es cierto que el número de títulos impresiona, pero el mérito no es mío sino de todo el grupo. Tengo la suerte de jugar en un equipo tan grande como el Barça. En otro club esto habría sido impensable”, responde con modestia Egurrola. Al preguntarle qué título es el que más ilusión le hizo ganar, responde sin pensarlo: “Claramente me quedo con las Copas de Europa. Fue igual de emocionante ganar cada una de ellas, no podría escoger solo una”.
Tanto el entrenador como sus compañeros tienen claro que Egurrola cuenta con muchas posibilidades de superar la colección de títulos de Beto Borregán: “Ojalá lo logre, eso significará que seguimos ganando. Aún quedan en juego cuatro títulos esta temporada —Copa Intercontinental, Copa del Rey, Liga Europea y OK Liga— y vamos a ir a por todos”, dice Sergi Fernández. Hasta el propio Borregán desea que el portero bata su récord: “Los porteros, por suerte para ellos, siempre son más longevos que el resto de jugadores. Viendo cómo se cuida Aitor y los años que le quedan de contrato estoy seguro de que superará mi número de títulos con creces”. Habrá que esperar cuatro años por lo menos para ver hasta dónde es capaz de agrandar su leyenda el capitán.

Con Luis Suárez basta para llegar a la final del Mundialito

Tres goles del uruguayo dan la victoria a los de Luis Enrique, que se imponen al Guangzhou con las ausencias de Messi y Neymar

El País-18/12/2015

Mundial de Clubes: FC Barcelona
Suárez celebra la consecución de su primer gol ante el Guangzhou en la semifinal del Mundial de Clubes. / Koji Sasahara (AP)

A Luis Suárez tanto le da. No es que se la repampinfle no tener a Neymar y Messi –sufrió un cólico nefrítico la noche anterior que le impidió jugar- al lado, porque con ellos siempre se garantiza varias ocasiones de gol, pero le alcanza consigo mismo para crear el mayor de los desaguisados. Como ante el Guangzhou Evergrande, que padeció la viveza y la puntería de un delantero centro sin igual, de un 9 de los de verdad que se las bastó para descomponer al contrario y clasificar al Barcelona en la final del Mundial de Clubes, que será el domingo frente al River Plate argentino.

FC Barcelona, 3 - Guangzhou, 0

FC Barcelona: Bravo; Alves, Piqué, Mascherano, Alba (Adriano, m.76); Sergio Busquets, Rakitic, Iniesta (Sergi Samper, m.81); Munir, Sergi Roberto (Sandro, m.72) y Luis Suárez.
Guangzhou Evergrande: Li Shuai; Zhang Linpeng, Feng Xiaoting, Kim Younggwon, Zou Zheng (Li Xuepeng, m.35); Paulinho, Zheng Zhi Ricardo Goulart; Huang Bowen, Zheng Long (Yu Hanchao, m.56) y Elkeson (Gao Lin, m.67).
Goles: 1-0, m.39. Luis Suárez. 2-0, m.50. Luis Suárez. 3-0, m.67. Luis Suárez, de penalti.
Arbitro: Joel Aguilar (ESA). Amonestó a Feng Xiaoting (m.16).

Suelen ser los equipos asiáticos de lo más dinámicos e intensos, predispuestos a la carrera de área a área. No así el Guangzhou, la excepción que confirma la regla debido a la acentuada influencia de Luiz Felipe Scolari, un entrenador bien tacaño con el juego porque siempre se entregó al talento de los de arriba, como ocurriera, por ejemplo, en el exitoso Mundial de 2002 cuando Ronaldo, Rivaldo y Ronaldinho se las apañaban para encontrarse entre ellos y perder a los rivales. Pero más que despersonalizado, el equipo chino ha mutado de piel porque ante el Barça supo de sobra a lo que quería jugar y proponer, con la zaga cosida al portero y dos líneas de cuatro bien abrochadas. Existían, en cualquier caso, dos salvedades: la de Goulart, que se quedaba al rebote por si le caía el balón y debía actuar de trampolín; y la de Elkeson, presto para el sprint definitivo por detrás de las espaldas de la zaga rival. Tampoco la vieron. Resulta que apenas tocó el balón el Guangzhou, por más que no le importara –hasta su afición celebraba casi como goles las ocasiones repelidas-, confiado a su inspiración y buen tino en los metros finales. No se dio.

Se amontonaban las piezas en el área del Guangzhou y al Barcelona se le multiplicaban los problemas porque no había rendija por donde filtrar el último pase

Se amontonaban las piezas en el recibidor del área del Guangzhou y al Barcelona, que le gusta entrar hasta la cocina con el juego asociativo, se le multiplicaban los problemas porque no había rendija por donde filtrar el último pase. No le quedaba otra que ejecutar una pared oportuna, dar la sorpresa con la profundidad de los laterales o probar fortuna con un disparo lejano. Soluciones que tardaron en llegar porque Munir no supo resolver ese pase interior que le puso Iniesta y chutó al bulto, desatino demasiado pertinaz en lo que va de curso. Tampoco Alba y Alves lograban crear el guirigay con sus ascensiones porque saltaban los laterales rivales y los interiores cerraban por dentro en caso de que se diera el centro. Aunque sí que funcionó la tercera vía, validada por el portero Li, que tiene manos de mantequilla. Así, no supo blocar un chut fuerte pero centrado de Rakitic, y Suárez, que se las sabe todas y que jamás deja un balón huérfano porque para él sería engañar al fútbol, acudió al rechazo y puso la punta de la bota para festejar el gol.
Es lo que tiene Suárez, que con media te hace dos. Messi es un genio que descascarilla cualquier defensa, que se las basta por sí solo para romper tantas cinturas como redes, pero que genera juego con el balón en los pies. También Neymar reivindicó ese protagonismo en ausencia del 10 porque puso el desequilibrio y absorbió el esférico para hacer jugar a los demás. No es así Suárez, por más que ahora sea el mejor delantero centro del planeta. Lo suyo es iniciar la presión y acabar las jugadas, futbolista que convierte todo lo que ocurre a su alrededor en oro, pero al que ni le van ni le vienen los preliminares porque para él todo se reduce al gol. Y no falla. Sobre todo si pone de su parte Iniesta, excelente una vez más porque fue el único que supo mirar al frente en la zona de creación. Así, el uruguayo se la cedió al 8, que se la devolvió por arriba y con precisión –la vía de la pared-, y Luis Suárez puso de nuevo el gancho para marcar el segundo.


Poco replicó el Guangzhou, encerrado como estaba a la espera de un fallo en la entrega o un robo avispado para salir a la contra. Se ayudó, eso sí, en las jugadas a balón parado porque en una falta lateral Elkeson exigió la estirada de turno de Bravo del mismo modo que Paulinho remató un córner que obligó la intervención de Piqué para despejarlo. Poca cosa y más ante un Suárez en racha, que aprovechó que Munir se dejó caer en el área y provocó un penalti para que el uruguayo hiciera el tercero. Un hat-trick que evidencia que el Barça tiene una salud envidiable en cuanto al gol, que expresa que Luis Suárez, al menos ante el Guangzhou, se las basta solito.

miércoles, 25 de noviembre de 2015


Bienvenido señor Messi

El delantero reaparece en el Camp Nou en un partido a la carta. El Barcelona, lanzado por su tridente, golea a la Roma y se mete como primera de grupo en octavos


 
Champions League | Barcelona, 6 - Roma, 1
Messi, Suárez y Piqué celebran un gol. / Emilio Morenatti (AP)

Luis Suárez sigue marcando goles, bonitos y feos, siempre a punto y resolutivo, en partidos fáciles y difíciles, y Neymar continúa exhibiendo su excelente surtido de gestos técnicos, al inicio y al final de cada encuentro, tan desequilibrante en el regate e inalcanzable en la carrera como impreciso desde el punto de penalti, errático ante Szczesny. Ambos mantuvieron su cartel de figuras la noche en que después de dos meses reaparecía Messi en el Camp Nou. Ningún futbolista calza mejor en el juego azulgrana que el 10. El club es tan afortunado como el futbolista, ayer titular y capitán, líder de un Barça que goleó al Roma.
Acabó tocando muy bien el Barça sin Messi, como ya se vio en el Bernabéu, y fue todavía más equipo con Messi. La diferencia es que la Roma no es el Madrid. Los italianos, diezmados por las lesiones de sus extremos, dimitieron de manera escandalosa ante un adversario en plena forma, muy serio desde la alineación —solo faltaba Iniesta—, ya clasificado como líder para los octavos de la Champions. La noche hubiera sido redonda si no hubiera sido por la lesión de Sergi Roberto y el penalti fallado por Neymar. El tridente regresó con un marcador de impacto: 6-1.

Barcelona, 6 - Roma, 1

Barcelona: Ter Stegen; Alves, Piqué (Bartra, m. 57), Vermaelen, Alba; Rakitic, Busquets (Samper, m. 46), Sergi Roberto (Adriano, m. 64); Messi, Luis Suárez y Neymar. No utilizados: Bravo, Mathieu, Iniesta y Munir.
Roma: Szcesny; Maicon, Manolas, Rüdiger, Digné; Pjanic (Uçan, m. 75), Keita, Nainggolan (Iturbe, m. 46); Florenzi (Vainqueur, m. 58), Dzeko y Falqué. No utilizados: De Sanctis, Leandro Castán, Torosidis y De Rossi.
Goles: 1-0. M. 15. Luis Suárez. 2-0. M. 18. Messi. 3-0. M. 44. Luis Suárez. 4-0. M. 56. Piqué. 5-0. M. 60. Messi. 6-0. M. 76. Adriano.
Árbitro: Cüneyt Çakir (Turquía). Mostró tarjeta amarilla a Piqué, Alves y Vainqueur.
Camp Nou. 71.433 espectadores.

El Barça se divirtió con la Roma. Jugó fácil y alegre, tan cómodo que anduvo por el Camp Nou como Pedro por su casa, la cancha abierta de portería a portería, sin noticias de la Roma. Las ocasiones caían sin parar y al poco de cumplirse el cuarto de hora ya ganaban los azulgrana por 2-0. Hubo un momento en que se levantó un hincha de tribuna y preguntó: ¿Quiénes son los blancos? No parecían un equipo de fútbol porque ni jugaban ni pegaban, tampoco defendían y menos atacaban, ni siquiera protestaban al trío arbitral, concentrado exclusivamente en decidir si había o no fuera de juego en cada ataque del Barcelona.
A Busquets, siempre serio y muy puesto como medio centro, incluso se le escapó la risa después de poner dos pelotas de gol en dos minutos, ambas para Messi. No atinó entonces el 10. No había planteada más cuestión que sincronizar el pase y el desmarque para enfrentar a Szczesny. La conexión llegó cuando Neymar se vistió de centrocampista y profundizó para Alves, asistente del liquidador Luis Suárez: 1-0. El segundo llegó poco después en una combinación deliciosa del uruguayo con Messi, un tuya mía que acabó el argentino con una vaselina saludada por Alves. A nadie se le ocurrió negar el gol al 10.
Espantada al inicio, destensada después y siempre relajada por el empate del Bayer con el Bate, resultado que avala sus opciones de clasificación, la Roma se convirtió en un adversario invisible para el Barça. Aunque su presión era alta, su fútbol no tenía agresividad, mucho menos intensidad, inocua en el frío Camp Nou, que solo se irritó como ya es costumbre cuando sonó el himno de la Champions, momento en que la rechifla se mezcló una jornada más con las estelades, siempre numerosas en el estadio del Barça. La falta de tensión competitiva acabó por destemplar al plantel de Luis Enrique.

Messi ataja un balón ante Manuel Iturbe. / Luciano Rossi (Getty Images)

Piqué tomó una tarjeta y más tarde fue amonestado Busquets. El ritmo bajó, disminuyó también la velocidad de la pelota, ya nadie jugaba al espacio ni se ajustaban los envíos de los medios con las recepciones de los delanteros y el partido se puso tonto, cosa que convenía a la Roma. Nada distrae, sin embargo, a Suárez. El ariete cazó a la media vuelta un remate incontestable tras un rechazo a tiro de Neymar y puso el 3-0. Nada atemperó la voracidad del tridente, que siguió repicando en el marco de Szczesny, ya con Samper en el campo en el sitio de Busquets.
Hubo tiempo de sobras para que Piqué marcara el gol que perseguía desde el Bernabéu antes de ser sustituido ante el clamor de la hinchada; también para que Ter Stegen sacara un brazo de gigante a un tiro de Falque y le parara un penalti a Dzeko; no faltó tampoco un segundo gol de Messi, precedido de un virguería de Neymar —un control con la espuela—; y se vio incluso cómo el 10 se replegaba hasta su área para tirar a Iturbe antes de que apuntara a la meta del Barcelona. Solo faltó el gol de Neymar, invitado por Messi a tirar un penalti que el brasileño falló, neutralizado por el portero y remachado después por Adriano.
No hay manera de meter un penalti en la portería del Gol Norte, y tampoco resulta sencillo mantener el marco propio a cero —Dzeko acabó por batir a Ter Stegen— detalles que apenas tuvieron peso en un partido relajante para el Barcelona y marcado por la reaparición a la carta del 10. Bienvenido señor Messi.

domingo, 22 de noviembre de 2015

El Barcelona deja muy sonado al Real Madrid

Los azulgrana arrollan a su gran adversario y la hinchada madridista pide como nunca la dimisión de Florentino Pérez



Los jugadores del Barcelona celebran uno de los goles. / JuanJo Martín (EFE)

Un excelente y puro Barça abrió en el Madrid una herida de proporciones muy inquietantes para la entidad de Chamartín, sonada en lo deportivo y con el palco ya en la diana. Del clásico todo el mundo blanco salió mal parado: el entrenador, los jugadores y el presidente, Florentino Pérez, al que la gente pidió la dimisión en el intermedio y en varias fases del segundo tiempo. En la traca final, con el salón principal del estadio ya vacío, el volumen musical sofocó el vocerío. Las cargas previas contra el alto mando resultaron un hecho insólito. La hinchada, tan desconcertada ante el meneo azulgrana, ya no sabía hacia dónde apuntar y repartió estopa por igual. Nadie quedó a salvo y nadie recibió más aplausos que Iniesta. El madridismo tiene gusto. Como entre los suyos no había a quién engancharse, los asistentes acabaron por desfogarse con una ovación a Isco, retrato de la pérdida total de papeles con un estacazo a Neymar que le costó la expulsión.

Real Madrid, 0 - Barcelona, 4

Real Madrid: Keylor Navas; Danilo, Varane, Sergio Ramos, Marcelo (Carvajal, m. 58); Kroos, Modric; James (Isco, m. 54), Bale, Cristiano; y Benzema. No utilizados: Casilla, Pepe, Casemiro, Kovacic y Jesé.
Barcelona: Bravo; Alves, Piqué, Mascherano (Mathieu, m. 27), Jordi Alba; Rakitic (Messi, m. 56), Busquets, Iniesta (Munir, m. 77); Sergi Roberto, Suárez y Neymar. No utilizados: Ter Stegen, Vermaelen, Adriano y Sandro Ramírez.
Goles: 0-1. M. 11. Suárez. 0-2. M. 39. Neymar. 0-3. M. 53. Iniesta. 0-4. M. 73. Suárez.
Árbitro: Fernández Borbalán. Expulsó por roja directa a Isco. Amonestó a James, Alves, Sergio Ramos, Carvajal y Busquets.
Santiago Bernabéu: 80.000 espectadores.

El Madrid se alineó como gusta en los despachos, como hasta ahora no había predicado el técnico. En el día grande, Rafa Benítez fue Carlo Ancelotti, tiró del núcleo del italiano y despachó a Casemiro, su principal apuesta. Aliviada la enfermería, había que hacer hueco a los actores principales, a los de la gran pasarela. Como respuesta, se vio a un Madrid momificado, con tiritonas, sin pulso, descolocado. Todo ante un Barça que le quitó la pelota y el ánimo. Y peor aún: con Messi en la sala de espera hasta el 0-3, complacido por el enésimo relevo exitoso de Luis Suárez y Neymar, dos máquinas. Si encima al escarnio se suma el arte de Iniesta, el reloj de Busquets y la graduación de Sergi Roberto…
Imposible para este Real deshuesado, sin una pizca de Cristiano, cuyas únicas pisadas fueron dos duelos frustrados por Bravo cuando el partido ya era colegial, con el meta chileno en alza y los visitantes con poca saña ante Keylor, falla que falla goles. Tampoco hubo una miga de Bale, un goteo de quien fuera. El único respiro local fue cuando se bajó la persiana y se llevó una cartulinada. Hoy se llevan poco los pañuelos. Un final estrepitoso para el Madrid. En el Bernabéu ya atizan la hoguera, veremos en qué acaba este crepitar.
En Chamartín solo se asomó de puntillas un Madrid desteñido, a merced de los barcelonistas, que se plantaron con cuatro volantes y no con tres puntas, como acostumbran. Lo mismo dio, el Barça le cantó una nana a su rival, de palique con el balón y los espacios a resguardo, siempre con tramas azulgrana por el césped. Los blancos, a la intemperie, precipitados cuando ganaban algún asalto, más bien pocos, y sin mandíbula para apretar al contrario. De una parsimoniosa cháchara con la pelota en los morros locales llegó el primer aguijón azulgrana. En medio de ese fútbol tertulia que le distingue despegó Sergi Roberto. El chico saltó las tibias alambradas contrarias y conectó con ojo clínico con Luis Suárez, que armó un disparo estupendo, sin más toque que el definitivo, con el empeine exterior. Un toquecito más y Sergio Ramos le hubiera acorralado.
A la faena inicial del uruguayo se añadió Neymar, que decidió atormentar a su compatriota Danilo, que pasó una tarde calamitosa. Por el flanco izquierdo del ataque culé también emergió un Iniesta imperial, ese que juega con un termómetro en las botas: ahora ventilo a un enemigo, ahora paro por aquí y ordeno por allá. Suyo fue el quite a Modric que derivó en una asistencia con precisión de cirujano para Neymar, que embocó bajo el sobaco izquierdo de Keylor, que en jornadas así no está para milagros. El Madrid defensivo de Benítez quedaba subrayado por el inusual tembleque de Varane y el sufrimiento de Danilo. Mientras hubo chicha, de ese Madrid ofensivo que autoproclama el entrenador ante el espejo público solo quedaron señas con dos arreones de Marcelo y James recién iniciado el segundo acto. El Madrid perseguía moscas sin fe.
En nada rectificó Benítez al descanso, pero el Barça, pilotado por Iniesta y Busquets, bien anclado por Piqué y con los dos picadores a la caza comprendió que todavía precisaba una marcha más. Ni en las peores conviene fiarse del Madrid: lo dice su leyenda, no su presente. Así que los muchachos de Luis Enrique se pusieron a ello. Otra vez Iniesta al frente. Otro jugadón, una pared con Neymar que el brasileño le devolvió de taco y que el manchego cerró con un misil a la escuadra izquierda de Navas. Chamartín era una caldera salvo para el puñado de seguidores azulgrana. Solo ellos tenían motivos para la verbena, con su equipo líder, con seis puntos de ventaja sobre el gran opositor, con Messi de regreso y ya jugando con buen ritmo y Arda y Vidal a punto de lograr el pernocta deportivo.
Para el Madrid, un desengaño colosal, mareado por el PSG, fulminado en Sevilla y atropellado por el Barça. No hay duda del desequilibrio deportivo e institucional, con un entrenador que ya no suena tan auténtico tras claudicar en el día de autos, un Cristiano extraviado en estos días y el alto dirigente cuestionado como nunca. El fútbol va y viene, pero hoy el Barça vuela y el Madrid se come las entrañas y ya no sabe en qué dar. ¿Jugadores? Se fichan y fichan. ¿Entrenadores? Quita y pon, quita y pon. ¿Entonces?

viernes, 20 de noviembre de 2015


Arroyo se sube al podio de Tomic

El base puertorriqueño y el pívot croata espolean a un Barça vibrante y directo ante el Karsiyaka turco (107-79)

 
Navarro, ante Kenny Gabriel. / Alejandro García (EFE)

Carlos Arroyo, para bien y para mal. El puertorriqueño se apoderó del escenario en el Palau, del que casi nunca se baja Tomic, espléndido en el inicio de temporada. Pero se veía venir. Arroyo iba a afinar un día la mirilla. Lo hizo ante el Pinar Karsiyaka turco y puso en órbita al Barcelona. Sus cinco triples en sus cinco primeros intentos rompieron la defensa del equipo turco y aceleraron el ritmo ya vibrante de un partido librado al instinto ofensivo de ambos equipos.

BARCELONA, 107; KARSIYAKA, 79

Barcelona Lassa: Satoransky (7), Navarro (10), Perperoglou (6), Doellman (14), Tomic (16) –equipo inicial-; Pau Ribas (4), Lawal (19), Abrines (3), Vezenkov (0), Samuels (7), Oleson (3) y Arroyo (18).
Pinar Karsiyaka: Ragland (26), Altintig (2), Josh Carter (3), Gabriel (10), Iverson (9) –equipo inicial-; Baygul (6), Guven (4), Gonlum (6) y Sipahi (13).
Parciales: 26-16, 22-21, 31-20 y 28-22.
Árbitros: Christodoulou (Grecia), Javor (Eslovenia) y Obradovic (Bosnia).
Palau Blaugrana. Sexta jornada de la Euroliga. 4.771 espectadores.

La pólvora del Karsiyaka la puso su base estadounidense Joe Ragland. Rompió a los bases azulgrana, Satoransky primero y Arroyo después, a base de velocidad. Sus penetraciones evidenciaron la dificultad de sus marcadores para resistir su esprín y de la defensa blaugrana para negarle los atajos. El Karsiyaka sufrió la baja del colombiano Juan Palacios y, antes del descanso, también perdió a Altintig, malparado tras un bloqueo de Tomic.
El Barcelona tomó carrerilla pronto (34-21), aunque perdió pie con la rueda de cambios, cuando Gabriel y Gonlum trenzaron el juego interior del Karsiyaka y propiciaron un parcial de 2-10. Arroyo volvió a la carga, anotó su quinto triple nada más dar inicio el tercer cuarto (51-37) y a partir de ahí, Navarro, Abrines y Lawal se añadieron a una fiesta en la que siempre se mantuvo Tomic como maestro de ceremonias.
Arroyo concluyó con 18 puntos en 19 minutos, fruto de seis triples en siete intentos. Tomic tuvo bastante con 18 minutos para sumar 16 puntos, siete rebotes dos asistencias. El Barça se recreó hasta batir su récord anotador en la Euroliga. Sus 107 puntos superan los 104 que obtuvo en febrero de 2002 ante el Cibona de Zagreb y en diciembre de 2014 ante el Turow polaco. Un festival que hace todavía más inaudita la derrota que sufrió el Barcelona en la cancha del Karsiyaka en el primer partido de la Euroliga.