miércoles, 25 de noviembre de 2015


Bienvenido señor Messi

El delantero reaparece en el Camp Nou en un partido a la carta. El Barcelona, lanzado por su tridente, golea a la Roma y se mete como primera de grupo en octavos


 
Champions League | Barcelona, 6 - Roma, 1
Messi, Suárez y Piqué celebran un gol. / Emilio Morenatti (AP)

Luis Suárez sigue marcando goles, bonitos y feos, siempre a punto y resolutivo, en partidos fáciles y difíciles, y Neymar continúa exhibiendo su excelente surtido de gestos técnicos, al inicio y al final de cada encuentro, tan desequilibrante en el regate e inalcanzable en la carrera como impreciso desde el punto de penalti, errático ante Szczesny. Ambos mantuvieron su cartel de figuras la noche en que después de dos meses reaparecía Messi en el Camp Nou. Ningún futbolista calza mejor en el juego azulgrana que el 10. El club es tan afortunado como el futbolista, ayer titular y capitán, líder de un Barça que goleó al Roma.
Acabó tocando muy bien el Barça sin Messi, como ya se vio en el Bernabéu, y fue todavía más equipo con Messi. La diferencia es que la Roma no es el Madrid. Los italianos, diezmados por las lesiones de sus extremos, dimitieron de manera escandalosa ante un adversario en plena forma, muy serio desde la alineación —solo faltaba Iniesta—, ya clasificado como líder para los octavos de la Champions. La noche hubiera sido redonda si no hubiera sido por la lesión de Sergi Roberto y el penalti fallado por Neymar. El tridente regresó con un marcador de impacto: 6-1.

Barcelona, 6 - Roma, 1

Barcelona: Ter Stegen; Alves, Piqué (Bartra, m. 57), Vermaelen, Alba; Rakitic, Busquets (Samper, m. 46), Sergi Roberto (Adriano, m. 64); Messi, Luis Suárez y Neymar. No utilizados: Bravo, Mathieu, Iniesta y Munir.
Roma: Szcesny; Maicon, Manolas, Rüdiger, Digné; Pjanic (Uçan, m. 75), Keita, Nainggolan (Iturbe, m. 46); Florenzi (Vainqueur, m. 58), Dzeko y Falqué. No utilizados: De Sanctis, Leandro Castán, Torosidis y De Rossi.
Goles: 1-0. M. 15. Luis Suárez. 2-0. M. 18. Messi. 3-0. M. 44. Luis Suárez. 4-0. M. 56. Piqué. 5-0. M. 60. Messi. 6-0. M. 76. Adriano.
Árbitro: Cüneyt Çakir (Turquía). Mostró tarjeta amarilla a Piqué, Alves y Vainqueur.
Camp Nou. 71.433 espectadores.

El Barça se divirtió con la Roma. Jugó fácil y alegre, tan cómodo que anduvo por el Camp Nou como Pedro por su casa, la cancha abierta de portería a portería, sin noticias de la Roma. Las ocasiones caían sin parar y al poco de cumplirse el cuarto de hora ya ganaban los azulgrana por 2-0. Hubo un momento en que se levantó un hincha de tribuna y preguntó: ¿Quiénes son los blancos? No parecían un equipo de fútbol porque ni jugaban ni pegaban, tampoco defendían y menos atacaban, ni siquiera protestaban al trío arbitral, concentrado exclusivamente en decidir si había o no fuera de juego en cada ataque del Barcelona.
A Busquets, siempre serio y muy puesto como medio centro, incluso se le escapó la risa después de poner dos pelotas de gol en dos minutos, ambas para Messi. No atinó entonces el 10. No había planteada más cuestión que sincronizar el pase y el desmarque para enfrentar a Szczesny. La conexión llegó cuando Neymar se vistió de centrocampista y profundizó para Alves, asistente del liquidador Luis Suárez: 1-0. El segundo llegó poco después en una combinación deliciosa del uruguayo con Messi, un tuya mía que acabó el argentino con una vaselina saludada por Alves. A nadie se le ocurrió negar el gol al 10.
Espantada al inicio, destensada después y siempre relajada por el empate del Bayer con el Bate, resultado que avala sus opciones de clasificación, la Roma se convirtió en un adversario invisible para el Barça. Aunque su presión era alta, su fútbol no tenía agresividad, mucho menos intensidad, inocua en el frío Camp Nou, que solo se irritó como ya es costumbre cuando sonó el himno de la Champions, momento en que la rechifla se mezcló una jornada más con las estelades, siempre numerosas en el estadio del Barça. La falta de tensión competitiva acabó por destemplar al plantel de Luis Enrique.

Messi ataja un balón ante Manuel Iturbe. / Luciano Rossi (Getty Images)

Piqué tomó una tarjeta y más tarde fue amonestado Busquets. El ritmo bajó, disminuyó también la velocidad de la pelota, ya nadie jugaba al espacio ni se ajustaban los envíos de los medios con las recepciones de los delanteros y el partido se puso tonto, cosa que convenía a la Roma. Nada distrae, sin embargo, a Suárez. El ariete cazó a la media vuelta un remate incontestable tras un rechazo a tiro de Neymar y puso el 3-0. Nada atemperó la voracidad del tridente, que siguió repicando en el marco de Szczesny, ya con Samper en el campo en el sitio de Busquets.
Hubo tiempo de sobras para que Piqué marcara el gol que perseguía desde el Bernabéu antes de ser sustituido ante el clamor de la hinchada; también para que Ter Stegen sacara un brazo de gigante a un tiro de Falque y le parara un penalti a Dzeko; no faltó tampoco un segundo gol de Messi, precedido de un virguería de Neymar —un control con la espuela—; y se vio incluso cómo el 10 se replegaba hasta su área para tirar a Iturbe antes de que apuntara a la meta del Barcelona. Solo faltó el gol de Neymar, invitado por Messi a tirar un penalti que el brasileño falló, neutralizado por el portero y remachado después por Adriano.
No hay manera de meter un penalti en la portería del Gol Norte, y tampoco resulta sencillo mantener el marco propio a cero —Dzeko acabó por batir a Ter Stegen— detalles que apenas tuvieron peso en un partido relajante para el Barcelona y marcado por la reaparición a la carta del 10. Bienvenido señor Messi.

domingo, 22 de noviembre de 2015

El Barcelona deja muy sonado al Real Madrid

Los azulgrana arrollan a su gran adversario y la hinchada madridista pide como nunca la dimisión de Florentino Pérez



Los jugadores del Barcelona celebran uno de los goles. / JuanJo Martín (EFE)

Un excelente y puro Barça abrió en el Madrid una herida de proporciones muy inquietantes para la entidad de Chamartín, sonada en lo deportivo y con el palco ya en la diana. Del clásico todo el mundo blanco salió mal parado: el entrenador, los jugadores y el presidente, Florentino Pérez, al que la gente pidió la dimisión en el intermedio y en varias fases del segundo tiempo. En la traca final, con el salón principal del estadio ya vacío, el volumen musical sofocó el vocerío. Las cargas previas contra el alto mando resultaron un hecho insólito. La hinchada, tan desconcertada ante el meneo azulgrana, ya no sabía hacia dónde apuntar y repartió estopa por igual. Nadie quedó a salvo y nadie recibió más aplausos que Iniesta. El madridismo tiene gusto. Como entre los suyos no había a quién engancharse, los asistentes acabaron por desfogarse con una ovación a Isco, retrato de la pérdida total de papeles con un estacazo a Neymar que le costó la expulsión.

Real Madrid, 0 - Barcelona, 4

Real Madrid: Keylor Navas; Danilo, Varane, Sergio Ramos, Marcelo (Carvajal, m. 58); Kroos, Modric; James (Isco, m. 54), Bale, Cristiano; y Benzema. No utilizados: Casilla, Pepe, Casemiro, Kovacic y Jesé.
Barcelona: Bravo; Alves, Piqué, Mascherano (Mathieu, m. 27), Jordi Alba; Rakitic (Messi, m. 56), Busquets, Iniesta (Munir, m. 77); Sergi Roberto, Suárez y Neymar. No utilizados: Ter Stegen, Vermaelen, Adriano y Sandro Ramírez.
Goles: 0-1. M. 11. Suárez. 0-2. M. 39. Neymar. 0-3. M. 53. Iniesta. 0-4. M. 73. Suárez.
Árbitro: Fernández Borbalán. Expulsó por roja directa a Isco. Amonestó a James, Alves, Sergio Ramos, Carvajal y Busquets.
Santiago Bernabéu: 80.000 espectadores.

El Madrid se alineó como gusta en los despachos, como hasta ahora no había predicado el técnico. En el día grande, Rafa Benítez fue Carlo Ancelotti, tiró del núcleo del italiano y despachó a Casemiro, su principal apuesta. Aliviada la enfermería, había que hacer hueco a los actores principales, a los de la gran pasarela. Como respuesta, se vio a un Madrid momificado, con tiritonas, sin pulso, descolocado. Todo ante un Barça que le quitó la pelota y el ánimo. Y peor aún: con Messi en la sala de espera hasta el 0-3, complacido por el enésimo relevo exitoso de Luis Suárez y Neymar, dos máquinas. Si encima al escarnio se suma el arte de Iniesta, el reloj de Busquets y la graduación de Sergi Roberto…
Imposible para este Real deshuesado, sin una pizca de Cristiano, cuyas únicas pisadas fueron dos duelos frustrados por Bravo cuando el partido ya era colegial, con el meta chileno en alza y los visitantes con poca saña ante Keylor, falla que falla goles. Tampoco hubo una miga de Bale, un goteo de quien fuera. El único respiro local fue cuando se bajó la persiana y se llevó una cartulinada. Hoy se llevan poco los pañuelos. Un final estrepitoso para el Madrid. En el Bernabéu ya atizan la hoguera, veremos en qué acaba este crepitar.
En Chamartín solo se asomó de puntillas un Madrid desteñido, a merced de los barcelonistas, que se plantaron con cuatro volantes y no con tres puntas, como acostumbran. Lo mismo dio, el Barça le cantó una nana a su rival, de palique con el balón y los espacios a resguardo, siempre con tramas azulgrana por el césped. Los blancos, a la intemperie, precipitados cuando ganaban algún asalto, más bien pocos, y sin mandíbula para apretar al contrario. De una parsimoniosa cháchara con la pelota en los morros locales llegó el primer aguijón azulgrana. En medio de ese fútbol tertulia que le distingue despegó Sergi Roberto. El chico saltó las tibias alambradas contrarias y conectó con ojo clínico con Luis Suárez, que armó un disparo estupendo, sin más toque que el definitivo, con el empeine exterior. Un toquecito más y Sergio Ramos le hubiera acorralado.
A la faena inicial del uruguayo se añadió Neymar, que decidió atormentar a su compatriota Danilo, que pasó una tarde calamitosa. Por el flanco izquierdo del ataque culé también emergió un Iniesta imperial, ese que juega con un termómetro en las botas: ahora ventilo a un enemigo, ahora paro por aquí y ordeno por allá. Suyo fue el quite a Modric que derivó en una asistencia con precisión de cirujano para Neymar, que embocó bajo el sobaco izquierdo de Keylor, que en jornadas así no está para milagros. El Madrid defensivo de Benítez quedaba subrayado por el inusual tembleque de Varane y el sufrimiento de Danilo. Mientras hubo chicha, de ese Madrid ofensivo que autoproclama el entrenador ante el espejo público solo quedaron señas con dos arreones de Marcelo y James recién iniciado el segundo acto. El Madrid perseguía moscas sin fe.
En nada rectificó Benítez al descanso, pero el Barça, pilotado por Iniesta y Busquets, bien anclado por Piqué y con los dos picadores a la caza comprendió que todavía precisaba una marcha más. Ni en las peores conviene fiarse del Madrid: lo dice su leyenda, no su presente. Así que los muchachos de Luis Enrique se pusieron a ello. Otra vez Iniesta al frente. Otro jugadón, una pared con Neymar que el brasileño le devolvió de taco y que el manchego cerró con un misil a la escuadra izquierda de Navas. Chamartín era una caldera salvo para el puñado de seguidores azulgrana. Solo ellos tenían motivos para la verbena, con su equipo líder, con seis puntos de ventaja sobre el gran opositor, con Messi de regreso y ya jugando con buen ritmo y Arda y Vidal a punto de lograr el pernocta deportivo.
Para el Madrid, un desengaño colosal, mareado por el PSG, fulminado en Sevilla y atropellado por el Barça. No hay duda del desequilibrio deportivo e institucional, con un entrenador que ya no suena tan auténtico tras claudicar en el día de autos, un Cristiano extraviado en estos días y el alto dirigente cuestionado como nunca. El fútbol va y viene, pero hoy el Barça vuela y el Madrid se come las entrañas y ya no sabe en qué dar. ¿Jugadores? Se fichan y fichan. ¿Entrenadores? Quita y pon, quita y pon. ¿Entonces?

viernes, 20 de noviembre de 2015


Arroyo se sube al podio de Tomic

El base puertorriqueño y el pívot croata espolean a un Barça vibrante y directo ante el Karsiyaka turco (107-79)

 
Navarro, ante Kenny Gabriel. / Alejandro García (EFE)

Carlos Arroyo, para bien y para mal. El puertorriqueño se apoderó del escenario en el Palau, del que casi nunca se baja Tomic, espléndido en el inicio de temporada. Pero se veía venir. Arroyo iba a afinar un día la mirilla. Lo hizo ante el Pinar Karsiyaka turco y puso en órbita al Barcelona. Sus cinco triples en sus cinco primeros intentos rompieron la defensa del equipo turco y aceleraron el ritmo ya vibrante de un partido librado al instinto ofensivo de ambos equipos.

BARCELONA, 107; KARSIYAKA, 79

Barcelona Lassa: Satoransky (7), Navarro (10), Perperoglou (6), Doellman (14), Tomic (16) –equipo inicial-; Pau Ribas (4), Lawal (19), Abrines (3), Vezenkov (0), Samuels (7), Oleson (3) y Arroyo (18).
Pinar Karsiyaka: Ragland (26), Altintig (2), Josh Carter (3), Gabriel (10), Iverson (9) –equipo inicial-; Baygul (6), Guven (4), Gonlum (6) y Sipahi (13).
Parciales: 26-16, 22-21, 31-20 y 28-22.
Árbitros: Christodoulou (Grecia), Javor (Eslovenia) y Obradovic (Bosnia).
Palau Blaugrana. Sexta jornada de la Euroliga. 4.771 espectadores.

La pólvora del Karsiyaka la puso su base estadounidense Joe Ragland. Rompió a los bases azulgrana, Satoransky primero y Arroyo después, a base de velocidad. Sus penetraciones evidenciaron la dificultad de sus marcadores para resistir su esprín y de la defensa blaugrana para negarle los atajos. El Karsiyaka sufrió la baja del colombiano Juan Palacios y, antes del descanso, también perdió a Altintig, malparado tras un bloqueo de Tomic.
El Barcelona tomó carrerilla pronto (34-21), aunque perdió pie con la rueda de cambios, cuando Gabriel y Gonlum trenzaron el juego interior del Karsiyaka y propiciaron un parcial de 2-10. Arroyo volvió a la carga, anotó su quinto triple nada más dar inicio el tercer cuarto (51-37) y a partir de ahí, Navarro, Abrines y Lawal se añadieron a una fiesta en la que siempre se mantuvo Tomic como maestro de ceremonias.
Arroyo concluyó con 18 puntos en 19 minutos, fruto de seis triples en siete intentos. Tomic tuvo bastante con 18 minutos para sumar 16 puntos, siete rebotes dos asistencias. El Barça se recreó hasta batir su récord anotador en la Euroliga. Sus 107 puntos superan los 104 que obtuvo en febrero de 2002 ante el Cibona de Zagreb y en diciembre de 2014 ante el Turow polaco. Un festival que hace todavía más inaudita la derrota que sufrió el Barcelona en la cancha del Karsiyaka en el primer partido de la Euroliga.

lunes, 9 de noviembre de 2015


Neymar ilumina al Barcelona

El delantero, que firmó un tercer tanto genial y al alcance de muy pocos, catapultó al Barcelona en el triunfo sobre el Villarreal


Luis Suárez celebra un gol del Barça junto a Neymar y Sergi Roberto.
Luis Suárez celebra un gol del Barça junto a Neymar y Sergi Roberto. / ALBERT GEA (REUTERS)

No hay mejor jugador ahora mismo para resolver el partido más difícil que Neymar. No repara en el contrario por más complicado que sea: el Villarreal. Ni en el horario: las 16.00, malo en el historial del Barça. Tampoco le preocupa el calendario: aguarda el Madrid. Y menos le importa que el árbitro le advierta antes del partido y después le saque una tarjeta: Clos Gómez le obligó a dejar la cinta del pelo y su pendiente en el vestuario después del calentamiento en el Camp Nou. Incluso la ausencia de Messi le anima y motiva más que preocupa cuando el partido va 0-0. Neymar se divierte en el estadio, en Getafe y en Port Aventura, fuera y dentro de la cancha, desinhibido camino del Bernabéu.

BARCELONA, 3 – VILLARREAL, 0

Barcelona: Bravo; Alves, Piqué (Bartra, m. 81), Mathieu, Jordi Alba; Sergi Roberto, Busquets, Iniesta; Munir (Sandro, m. 78), Luis Suárez y Neymar. No utilizados: Ter Stegen; Adriano, Vermaelen, Samper y Gumbau.
Villarreal: Areola; Mario, Bonera, Víctor Ruiz, Jaume Costa; Castillejo (Samuel, m. 79), Pina (Bakambu, m. 65), Bruno, Dos Santos, Denis Suárez; y Soldado. No utilizados: Barbosa; Nahuel, Jokic, Trigueros y Rukavina.
Goles: 1-0. M. 60. Neymar. 2-0. Luis Suárez, de penalti. 3-0. M. 85. Neymar.
Árbitro: Clos Gómez amonestó a Mathieu, Iniesta, Mario, Suárez, Neymar, Piqué y Costa.
Camp Nou. 74.109 espectadores.

Neymar se parece por sus gestos técnicos a Ronaldinho. También define como solía Patapalo Rivaldo. Y es capaz igualmente de evocar con sus movimientos a Romario. El fútbol más añorado de Brasil está personificado en la figura de Neymar, rey también del Barça, autor de un gol monumental en el Camp Nou. La añoranza por Messi ha remitido desde que ha comparecido el 11. A juzgar por su trayectoria desde la lesión del 10, Neymar parece dispuesto a batirse en solitario con Cristiano en Chamartín. La consigna es que no conviene apurar con la recuperación de Messi. La hinchada se felicita por lo bien que se entienden Neymar y Suárez, y se pellizca en espera de Leo.
El juego dulce y lúdico de Neymar fue el mejor antídoto para un encuentro tenso y que habitualmente escapa del control emocional, a gusto de técnicos metódicos como Marcelino. El 11 acabó con la resistencia del Villarreal, cedió después generosa y estratégicamente el tiro de un penalti a Luis Suárez y remató la tarde con un prodigioso 3-0: tomó la pelota en una transición a campo abierto, abrió para Luis Suárez y pisó el área para recibir, controlar con el pecho en carrera, sortear la marca de Jaume Costa de espaldas con un sombrero y, de reverso, rematar con la derecha sin dejar caer el cuero, imposible para Areola. Los pañuelos sustituyeron a las estelades en el Camp Nou.

Una obra de arte de Neymar
Nada parece imposible para Neymar. Necesitó el Barça de la mejor versión del brasileño para doblegar a un rival admirado por las aficiones sin bufanda, aquellas a las que les gusta el fútbol, los buenos jugadores como Bruno. El Villarreal exigió siempre del Barcelona mucha dedicación, paciencia, desequilibrio y concentración, por más que últimamente defiende mejor su arco que ataca el contrario, también en el Camp Nou. Al Barça le costó llegar hasta Areola. Apenas había espacio para armar el tiro a pesar de las exquisiteces de Iniesta y Neymar. Hay que ser preciso para vencer a un equipo que presiona alto y compite excelentemente a partir de la buena organización de García Toral.
Las ocasiones escasean, el estrés es extremo y las intervenciones del árbitro son muy escrutadas, sobre todo si se trata de Clos Gómez, tan autoritario que amonestó a Iniesta, Luis Suárez y Neymar. La suerte de la contienda quedó a expensas de cualquier error o acción individual, circunstancia que incidió en el ánimo de los espectadores, sentados en una cancha de fútbol como si estuvieran en un cine, pendientes de un thriller futbolístico en el Camp Nou. Al Barça no le quedaba más remedio que aguardar a una oportunidad y aprovecharla porque en el banquillo no había más alternativa que la de Sandro, hoy más rematador y menos jugador que Munir.

La hinchada se felicita por lo bien que se entienden Neymar y Suárez, y se pellizca en espera de Leo

El colegiado despabiló a Neymar después del descanso y calentó al público, que rompió a cantar “¡Árbitro que malo eres!”. Aumentó la intensidad barcelonista, asomó Busquets para descifrar el encuentro y compareció definitivamente Neymar. Busquets entendió que al Villarreal se le podía ganar desde la presión y la recuperación, menos desde la elaboración, y diseñó la jugada que resolvió el choque: salió al encuentro de Bruno en una cancha contraria, le rebanó el cuero y profundizó para el desmarque de Neymar, atinado en la recepción y definición: 1-0. Hasta Bruno, el excelente medio del Villarreal, se venció ante el saber estar y leer los encuentros del excelso y discreto Busquets.
Abierto el marcador, se vieron las carencias ofensivas del Villarreal y los excelentes y vertiginosos despliegues del Barça. Jaume Costa se equivocó ante Munir y el penalti lo transformó Luis Suárez por gentileza de Neymar. El brasileño se reservó para el 3-0. Una obra de arte. El brasileño y el uruguayo suman 20 de los 23 goles desde que no está Messi y el equipo ha dejado de encajar goles —ninguno en los últimos cuatro encuentros— para recuperar solidez y confianza, en vigilias del clásico de Madrid.
Ya no se habla de que Neymar falta al respeto al rival sino que se celebran sus goles, ninguno hasta ahora como el tercero de ayer contra el Villarreal, a la altura de los mejores de Messi.

lunes, 26 de octubre de 2015


El Barça vive de Luis Suárez

Tres goles del delantero uruguayo, de nuevo asistido en todas las jugadas por Neymar doblegan a un combativo Eibar


Luis Suárez
Luis Suárez celebra uno de sus goles ante el Eibar. / David Ramos (Getty Images)

Los partidos del Barça han dejado de ser un ejercicio de supervivencia para convertirse en una sesión de aburrimiento en el Camp Nou. A falta de interiores, el único futbolista es Busquets y no queda más remedio que encomendarse a los arrebatos de Neymar y a los goles de Luis Suárez, suficientes para tumbar a contrarios como el Eibar, el Rayo o el Bayer Leverkusen. La sociedad que forman el brasileño y el uruguayo sostiene a los azulgrana en la cabeza de la Liga con el Madrid. No fluye el fútbol, el juego se enreda, interviene para mal el árbitro, capaz de cualquier disparate, y se impone aguardar a que la pelota llegue de vez en cuando a Neymar para que habilite a Luis Suárez.
El uruguayo funciona como en su día Hugo Sánchez en el Madrid. Tiene una pegada que soluciona los peores partidos, jornadas desagradables como la de ayer, rematada por un colegiado horroroso, errático en la concesión del 1-0, permisivo con las tarascadas, sorprendente en la expulsión de Mascherano y reprobable cuando pitó el final en el momento que volvía a armar la pierna Luis Suárez. El delantero centro celebró el año que lleva de azulgrana con un triplete irreprochable en un partido descontrolado, sin hilo, salpicado de incidentes, mal arbitrado por el bien considerado del Cerro Grande.

BARCELONA, 3; EIBAR, 1

Barcelona: Bravo; Alves, Piqué, Bartra (Mathieu, m.55), Jordi Alba; Rakitic, Mascherano, Busquets; Sandro (Munir, m.55), Luis Suárez y Neymar. No utilizados: Ter Stegen, Douglas, Adriano, Vermaelen y Gombau.
Eibar: Riesgo; Capa, Dos Santos, Pantic, Juncà; Escalante, Dani García (Silvestre, m.45); Keko, Verdi (Sergi Enric, m.53), Inui (Saúl Berjón, m.79); y Borja Bastón. No utilizados: Irureta, Hajrovic, Lillo y Ekiza.
Goles: 0-1. M.9. Borja Bastón. 1-1. M.21. Luis Suárez. 2-1. M.48: Luis Suárez. 3-1. M. Luis Suárez.
Árbitro: Del Cerro Grande. Expulsó con la tarjeta roja directa a Mascherano (m. 83) y amonestó a Rakitic, Escalante, Juncà. Pantic, Piqué, Capa, Neymar y Silvestre.
Camp Nou: 78.228 espectadores.

Aunque la declaración de intenciones fue la misma que la del martes en Borisov, al menos desde la alineación, el partido del Barça discurrió por el camino habitual de la Liga. Al Barcelona le cuesta Dios y ayuda entrar en juego y al rival le alcanza con rematar a portería para cantar gol, incluso en el Camp Nou. Bartra perdió la pelota cuando salía de la cancha azulgrana y Borja Bastón, el goleador del Eibar —seis tantos en los últimos cinco partidos— remató a la red el rechazo de Bravo después del tiro de Keko.
Resbalaban los azulgrana, más fríos que destemplados, fuera de foco, nada finos, lentos, sin ritmo ni fluidez, y el partido oscurecía como la tarde, hasta que compareció Neymar, que llegó al estadio con un sombrero como el del Mago Pop. A partir del regate del brasileño, el Barça elaboró una jugada de mérito que acabó en gol de Luis Suárez. Tomó Busquets el balón de Neymar, abrió para Sandro y el centro sin parar del delantero canario, que templó en fuera de juego, fue cabeceado a la red por el insaciable 9.
A excepción de una pifia de Sandro, no hubo más fútbol azulgrana hasta el descanso, gobernado el partido por el Eibar, mejor que el Barça. Keko no marcó el 1-2 porque Bartra sacó el balón en la línea de meta después de una pérdida de Alves. No se recuerda una versión barcelonista más lúgubre en mucho tiempo, incluso si se rebobina la etapa de Martino. Ausentes los volantes, al Barça les sobraba el cuero, no sabía combinar, ni presionar, ausente del encuentro, irreconocible por más que sus vistiera de azulgrana, a merced del Eibar. El silencio era sepulcral en el Camp Nou.
No servía de nada mirar al banquillo, repleto de zagueros, sin más recurso ofensivo que Munir y Gombau, y tampoco los gustos de Luis Enrique invitan precisamente a animarse, ni siquiera contra rivales aparentemente menores como el de ayer, por más que el equipo armero no hubiera perdido en cancha ajena en la Liga. Hubo un momento, con 1-1, en que quien tiraba caños era Keko.
No le quedaba más remedio al Barça que encomendarse a Neymar, inconformista, revoltoso y desequilibrante, el mejor socio para un ariete rematador como Luis Suárez. El brasileño compareció un momento para tomar la pelota y no dejarla hasta ponerla a merced del uruguayo, que no perdonó el 2-1. Aunque irregular y discontinuo, Neymar era el único que descentraba al Eibar. Ninguna acción definió mejor el partido que una conducción de Mathieu por el costado izquierdo del ataque del Barça. Tomó carrera el francés y empezó a eliminar rivales, con un autopase de por medio, hasta poner un centro, acción muy aplaudida en el Camp Nou.
No hubo nada hasta que el árbitro expulsó a Mascherano y se convirtió en el protagonista de una contienda barroca y fea, resuelta cuando volvió a conectar la efectiva pareja Neymar y Suárez. Los goles salvaron una jornada tediosa, en el campo y en la asamblea, sin juego, todo muy previsible: la gent blaugrana asumió que para un día como el de ayer, después de una semana de multas de la UEFA, denuncias arbitrales y malas noticias como la de Cruyff, le valía el discurso austero de Bartomeu, una ración de Neymar y tres goles de Luis Suárez.