martes, 7 de agosto de 2012



Reivindicación de los liberados sindicales

 | 06 Agosto 2012 


Cuando el presidente del Gobierno presentó el pasado 11 de julio su enésimo `plan de ajuste’ para el próximo bienio negro, una de las primeras medidas concretas que citó, antes incluso que el aumento del IVA o la eliminación de la paga de Navidad a los funcionarios, fue la reducción del número de liberados sindicales, lo que provocó el primer gran aplauso de su grupo, tal y como recoge el Diario de Sesiones, anterior incluso al que acompañó al famoso “…que se jodan!” con que la diputada Andrea Fabra jaleó la decisión de reducir las prestaciones a los parados, lo que más que un exabrupto de maleducada niña pija está resultando ser la síntesis del programa conservador que, más allá de las constricciones derivadas de la crisis, parece responder a un guión ideológico de viejos resabios clasistas y reaccionarios.
Como ya evidenció el diseño e implementación de la contrareforma laboral, se trata también aquí de  invertir las responsabilidades de la crisis y culpar a sus víctimas. En el primer caso, al focalizar las hipotéticas soluciones en el abaratamiento del despido, la desregulación contractual y la reducción de salarios y garantías, se emite el mensaje de la que causa del problema radica en los propios trabajadores y sus derechos, eximiendo de responsabilidades a una estructura empresarial que no ha completado su modernización, un modelo productivo agotado y una crisis financiera de origen y desarrollo especulativos.
Una estrategia de deslegitimación
Ahora se trata de aplicar una nueva vuelta de tuerca, situando ahora el foco en la función pública, tanto en sus trabajadores (reducción de empleo y salarios) como en sus servicios e instituciones (recortes en educación sanidad, atención a la dependencia) y en los sindicatos, reduciendo tanto sus recursos (legales, representativos, materiales, humanos y simbólicos) como sus posibilidades de intervención (tutela y asesoría laboral, negociación colectiva, gestión del conflicto y participación institucional), lo que resulta imprescindible para garantizar los planes de desregulación de las relaciones laborales y el desmantelamiento del Estado de Bienestar.
En este contexto, la recurrente apelación a los “liberados sindicales” resulta paradigmática, por cuanto siendo mínimo su coste económico real, los réditos de su utilización demagógica alcanzan niveles máximos en la estrategia conservadora de deslegitimación simbólica del sindicalismo y reducción práctica de sus posibilidades de respuesta.
Dicha desproporción tiene incluso reflejo legislativo y presupuestario, pues mientras las medidas dirigidas a recortar la representación de los trabajadores y los liberados sindicales ocupaban casi  el diez por cien del articulado del Real Decreto-Ley 20/2012, de 13 de julio, de medidas para garantizar la estabilidad presupuestaria y de fomento de la competitividad (arts. 10 a 14, sobre un total de 42), el impacto económico de reducir en más de dos tercios los liberados existentes en la Administración Pública a partir del próximo 1 de octubre, equivale apenas al uno por mil sobre el total del ajuste previsto hasta finales de 2014 (150 sobre 102.149 millones de euros), según consta en el Plan Presupuestario remitido el pasado 3 de agosto a la Comisión Europea.
Pese a su evidente inconsistencia lógica, el recurso de la derecha política, económica y mediática a la deslegitimación del sindicalismo utilizando ésta y otras vías similares no es casual ni inocuo, por cuanto resulta necesario para el despliegue de su estrategia desreguladora y acaba influyendo en las percepciones y comportamientos sociales de una parte de la población, alimentando procesos de desafección por la acción colectiva y quienes la protagonizan, en una demostración del clásico teorema sociológico según el cual “…lo que las personas perciben como real, es real en sus consecuencias”,  es decir, que las percepciones sociales sí importan y acaban condicionando el comportamiento de las gentes, lo que obliga a los sindicatos a optimizar sus estrategias de comunicación e intervención social.
Tiempo y recursos de representación
Se trata, sin embargo, de una cuestión que cuenta con suficiente respaldo legal, homologación internacional y justificación real para justificar su reivindicación y defensa, desde la legitimidad de origen y la transparencia de ejercicio.
De entrada, la legislación internacional establece la obligación de empresas e instituciones públicas para dotar a los representantes sindicales de “…facilidades apropiadas para permitirles el desempeño rápido y eficaz de sus funciones” (art. 2.1 del Convenio 135 de la OIT),
Por su parte, la Recomendación 143 de la misma OIT  determina que el tiempo para el ejercicio de la actividad sindical habrá de ser “…sin pérdida de salario ni de prestaciones u otras ventajas sociales” (art. 9), tanto para “…desempeñar las tareas de representación en la empresa” (art. 10.1), como para “…asistir a reuniones, cursos de formación, seminarios, congresos y conferencias sindicales” (art. 11.1) fuera de la misma.
A nivel nacional, el Estatuto de los Trabajadores incluye entre las garantías de los representantes de los trabajadores en las empresas la de “…disponer de un crédito de horas mensuales retribuidas…para el ejercicio de sus funciones de representación” de acuerdo con una escala que oscila entre  las 15 horas/mes para los delegados de  empresas con menos de 100 trabajadores hasta las 40 horas mensuales por delegado en las de plantilla superior a los 750, pudiendo “…pactarse en convenio colectivo la acumulación de horas de los distintos miembros del Comité de Empresa y, en su caso, de los delegados de personal, en uno o varios de sus componentes, sin rebasar el máximo total, pudiendo quedar relevado o relevados del trabajo sin perjuicio de su remuneración” (art. 68.e). Según la estadística oficial de la negociación colectiva, dos tercios de los convenios incluyen el correspondiente acuerdo entre las partes para la acumulación de las horas sindicales.
Similar regulación se establece para los funcionarios en el artículo 41.1.d, de la Ley 7/2007 del Estatuto Básico del Empleado Público, con lo que los tan denostados “liberados” o “permanentes sindicales” tendrían una triple legitimidad de origen (legal, negocial y representativa), tanto en el sector privado como en el público.
Su número y función son también objeto de una recurrente e interesada manipulación que resulta necesario (y posible) desactivar, pese a las dificultades técnicas para un cálculo preciso, derivadas de las oscilaciones propias de la dinámica representativa y negociadora.
A tal efecto, la Encuesta Europea de Empresas realizada en 2009 por la Fundación Europea para la Mejora de las Condiciones de Vida y Trabajo, sobre una muestra de 27.000 empresas con plantilla superior a los 10 trabajadores,  constituye una referencia fundamental, pues permite analizar comparativamente la cuestión, en base a datos y valoraciones empresariales, partiendo del principio de que “…el tiempo para realizar tareas de información, consulta, negociación y formación durante la jornada laboral regular, es una condición necesaria para una adecuada representación de los trabajadores y un importante factor de calidad de las relaciones laborales”.
Según dicha Encuesta, el 8% de los delegados de los trabajadores en la UE-27 estarían “liberados” y dedicados full time a sus funciones representativas, proporción que de aplicarse al caso español sobre los más de 310.000 delegados electos daría como resultado un total de 24.800 permanentes sindicales, cifra que triplica de hecho la realmente existente.
Asimismo, la citada Encuesta calcula, como media europea,  un 29% de los delegados sindicales dispondría, aún no estando “liberados”, de todo el tiempo necesario para el ejercicio de sus actividades representativas, proporción que en el caso español apenas alcanza el 7%
Así pues, aún dando por buenos, con las pertinentes cautelas, los cálculos realizados al respecto por la CEOE para el sector privado y por el Ministerio de Economía para el público, el número de “liberados” sindicales sería muy inferior al que correspondería de aplicar los standares europeos en la materia, conforme acreditan tanto la encuesta de referencia como otros estudios comparados.
Según el “Informe sobre la representación sindical en España”, hecho público por la CEOE a principio de 2010, el número total de “liberados” sindicales registrados en el sector privado ascendería a 4.127, mientras que en el conjunto de las Administraciones Públicas su número habría alcanzado los 9.000, según cálculos aproximados del Ministerio de Hacienda.
Dichos cálculos hay que ajustarlos a la baja, en función tanto de los recortes  impuestos en el sector público, que supondrían una reducción superior a los dos tercios, como la derivada de la disminución de delegados electos provocada por la crisis en las empresas del sector privado, por lo que el número total de delegados sindicales dedicados a tiempo completo al cumplimiento de sus funciones de representación, negociación, asesoramiento e información consagradas por la legislación, se situará finalmente en torno a los 7.000, lo que representa, como ya se ha indicado, menos de la tercera parte de los que correspondería de aplicarse la ratio europea en la materia y equivale, en el caso español, al 2,2% del total de representantes electos
En términos agregados, el tiempo dedicado a actividades de representación sindical, incluyendo tanto el crédito horario acumulado como el utilizado parcialmente por los delegados sindicales, equivaldría a 1,5 horas/año, lo que sobre una jornada anual media de 1.644,3 horas, representa apenas el 0,09 por cien, según datos de la última Encuesta sobre el tiempo de trabajo, realizada por el INE
Funciones del sindicalismo
El discurso conservador de deslegitimación del sindicalismo se centra en denunciar enfáticamente los costes de su intervención, acumulando a tal efecto tanto los recursos humanos (delegados con horas sindicales y liberados) como los materiales (subvenciones económicas) e institucionales (participación en programas de formación), ignorando deliberadamente los derechos que la avalan y los beneficiosresultantes de la misma.
En el primer caso, conviene recordar la cobertura legal que, desde la Constitución a las leyes orgánicas que regulan la negociación colectiva y las relaciones laborales (Estatuto de los Trabajadores, LOLS, EBFP), pasando por la legislación específica en materia de salud laboral, formación profesional, solución extrajudicial de conflictos, etc., legitima el ejercicio de las funciones sindicales, cuya cobertura universal justifica el acceso a recursos humanos (liberados sindicales) y materiales de financiación pública.
Para evaluar adecuadamente la cuestión baste con hacer referencia a alguno de los principales ámbitos de la intervención sindical, cuyos costes humanos y materiales asumen los sindicatos y cuyos beneficios alcanzan a la totalidad de los trabajadores y, por extensión al conjunto de la sociedad:
• Con tres millones de afiliados, trescientos mil delegados elegidos en las empresas con la participación directa de siete millones de trabajadores, los sindicatos negocian anualmente alrededor de 5.000  convenios colectivos, que regulan las condiciones salariales y laborales de más de 15.000.000 de trabajadores
• En la negociación de dichos convenios participan regularmente alrededor de 30.000 sindicalistas y expertos (abogados, economistas, etc.) aportados por las organizaciones mayoritarias
• Más difícil de cuantificar, pero no por ello menos importante, es la actividad de asesoría, interlocución y defensa de los trabajadores que realizan cotidianamente los sindicalistas en más de 300.000 empresas en que tienen presencia directa e indirectamente en el resto
• Son 180.000 los delegados de salud laboral designados y sostenidos por los sindicatos, cuya contribución al desarrollo de una nueva cultura de la prevención y a la reducción sostenida de los índices de siniestralidad ha sido decisiva
Con todo, los principales beneficios de la intervención sindical, una parte importante de la cual la desarrollan diariamente los “liberados”, se miden con magnitudes no estrictamente cuantitativas sino con la expansión de derechos, mejora de las condiciones socioeconómicas y laborales de los trabajadores, desarrollo de la sociedad civil y de las instituciones democráticas y cobertura del Estado de Bienestar por lo que, a sensu contrario, las limitaciones a su intervención, mediante el recorte de sus recursos y la desregulación del sistema de relaciones laborales, apuntan hacia la involución en toda esa serie de derechos y conquistas sociales. 

domingo, 5 de agosto de 2012




«Ya soy Josefina María Lavín Solano, hija de 'El Cariñoso'»


70 años después de su nacimiento, la hija de uno de los maquis más famosos de Cantabria recupera su identidad al conseguir que un juez declare que su padre fue José Lavín Cobo 

 
 05.08.12 

«Ya soy Josefina María Lavín Solano, hija de 'El Cariñoso'»
«Mi madre estaba muy enferma cuando le comenté que quería recuperar el apellido de mi padre, José Lavín Cobo, 'El Cariñoso'. Hazlo, me dijo. Ese era tu padre y debes llevar sus apellidos». Fue entonces, allá por el año 2009, cuando a sus 67 años Josefina María Teresa Solano Otí, liberada ya de responsabilidades familiares y filiales, se embarcó en la aventura judicial de ser reconocida legalmente como hija de uno de los maquis más famosos de Cantabria, José Lavín Cobo, 'El Cariñoso', una lucha por recuperar parte de su identidad, arrebatada por la dictadura, que ha concluido felizmente esta misma semana.
El Juzgado de Primera Instancia número 11 ha declarado que Josefina es hija de José Lavín, a pesar de la oposición del Ministerio Fiscal. «Mis deseos se han cumplido, mis raíces están completas y siento una paz interna inmensa», expresa vía telefónica desde su residencia en Virginia, en Estados Unidos, con inconfundible acento norteamericano. «Voy a cambiar el nombre en todos los documentos, todos. Ya soy Josefina María Teresa Lavín Solano. Es algo increíble para mí», dice emocionada.
Esta sentencia es algo más que un reconocimiento formal. Es la consolidación de sus orígenes, y no viene regalado. «Me han dado algo que me pertenecía, porque toda mi vida he pensado que ese apellido era mío. Siempre supe que 'El Cariñoso' era mi padre. Me lo contó mi madre y también mi abuela paterna. Las circunstancias de la vida me impidieron recuperarlo antes. Vivía en Estados Unidos, tenía esposo y dos hijos y cuidaba de mi madre enferma, además de trabajar. Cuando falleció, mis dos hijos eran ya mayores y tenían sus vidas, y enviudé. Entonces pensé, éste es mi momento. Es ahora o no será nunca».
Así que con 67 años inició el camino de vuelta a su tierra para «pelear» por su apellido. «Después de tantos años, España era un país extraño para mí. Tuve que familiarizarme con todas las cosas y con sus leyes, que no entendía», recuerda. Y es que Josefina tenía 12 años cuando abandonó España y se instaló en Estados Unidos junto a su madre María Milagros, natural de Miami pero oriunda de La Cavada, y compañera sentimental de 'El Cariñoso'. La niña dejó atrás la trágica y cruel historia de su padre, José Lavín Cobo, un maqui nacido en Liérganes, al que Josefina no llegó a conocer. No tiene ni una foto de su padre. Ni siquiera un recuerdo personal. «Pero lo llevó en mi corazón», dice. 'El Cariñoso' falleció el 27 de octubre de 1941, abatido a tiros por la Policía y Guardia Civil cuando se encontraba escondido en una buhardilla de la calle Santa Lucía de Santander después de ser delatado. La compañera sentimental del maqui, María Milagros Solano Otí estaba embarazada de seis meses y presenció la muerte de su pareja. Ambos planeaban escapar a Francia al día siguiente huyendo del régimen franquista. María, que entonces tenía 24 años, fue detenida, internada en prisión y condenada a muerte, pena que no fue ejecutada por encontrarse en avanzado estado de gestación. La pena le fue conmutada por 30 años de prisión. Su madre, María Otí Ortiz, también fue detenida y fusilada a las dos semanas.
Ni olvido ni perdón
«Mi madre nunca pudo olvidar ni perdonar. Me contó que un amigo les delató y que fueron atrapados como en una ratonera. Fue algo muy profundo para ella porque estaba embarazada de seis meses. Cuando la detuvieron, la golpearon salvajemente en el vientre para que abortara, y como no lo hizo, se la llevaron a la cárcel de Santander, donde nací yo. A los 18 meses mi abuela paterna, Teresa, me llevó con ella y me crió. Mi abuela no tenía casa y andaba de un sitio para otro. Nos metíamos donde podíamos», evoca Josefina.
Pero el azar quiso que una periodista norteamericana, que realizaba un reportaje sobre las mujeres republicanas en prisión, entrevistase a María Milagros. Descubrió que había nacido en Miami, a donde sus padres emigraron desde Cantabria, e inició gestiones para sacarla de la cárcel. Así, en diciembre de 1954 María, que se encontraba en la prisión de Guadalajara, fue reclamada por la embajada de Estados Unidos en Madrid. Tenía 36 años cuando salió de la cárcel y se reunió con su hija Josefina para poner rumbo a Estados Unidos.
La sentencia recoge todos estos avatares y, a falta de testigos, considera «prueba de entidad suficiente» la sentencia de enero de 1942 dictada en Consejo de Guerra contra los detenidos en la redada en la que cayó 'El Cariñoso', localizada en el Archivo Regional de la Región Marítima del Nordeste, en Ferrol. Fue aportada por el abogado Ricardo González de la Lastra, que ha representado a Josefina. El relato judicial hace varias alusiones a la relación sentimental que mantuvieron sus padres y al nacimiento de la niña. Además, considera decisivo que tanto la familia de su padre, como la de su madre, hayan tenido a Josefina como hija de 'El Cariñoso'. No en vano, la pusieron Josefina por su padre José, María por su madre y Teresa por su abuela paterna. El Fiscal, que se opuso al reconocimiento de la paternidad, alegó la existencia de un «ánimo lucrativo e interés patrimonial» en la hija del maqui, argumento que rechaza el juez, ya que «ni su progenitor ni su abuela u otros parientes dejaron bien alguno».
¿Existe el olvido, Josefina? «Todos en la vida tenemos tragedias. Olvidar nunca se olvida, pero tenemos que seguir adelante. Con mi madre tenía muchas broncas porque siempre estaba recordando ese pasado. Yo le decía: mamá, tienes que dejar eso atrás y mirar hacia adelante. Pero ella nunca olvidó. Yo a mis hijos les conté lo que ocurrió, lo horrible y violento que fue. Pero también, que no podemos retroceder. A los hijos no se les puede amedrentar con las rutinas del pasado». Una gran lección.

jueves, 2 de agosto de 2012



Los recortes en Formación Profesional, una noticia nefasta.

Javier Ramírez- J.Manuel Marañón-Montse Milán.
Sindicalistas de CC OO

Esta tribuna de opinión la enviamos en el mes de mayo a "El Diario Montañés" y ha sido publicada hoy en la edición impresa

“...es fundamental para salir de la crisis”. Si hiciéramos una búsqueda en Google sobre este texto, advertiríamos que aparece con una frecuencia muy importante en las citas de prensa y / o opinión relacionadas con la formación profesional. Lo han hecho suyo todo tipo de profesionales, periodistas especializados, cargos políticos (de cualquier signo o color), sindicatos, asociaciones de estudiantes, profesores y profesoras de todos los niveles educativos, todo tipo de organismos e instituciones, presidentes / as de Comunidad Autónoma, economistas, organizaciones empresariales ... Y es que, con todos los matices que se quieran, hay un gran consenso en torno a la opinión de que “la formación profesional es fundamental para salir de la crisis”.

La afirmación, que empieza a sonar a tópico, es incontestablemente cierta. Hay  experiencia y conocimiento científico suficientes para poder afirmar que, más que una opinión que comparte mucha gente, es una realidad objetiva.

El Ministerio de Educación acaba de publicar el RD que recoge las drásticas medidas que propone para ahorrar 3.000 millones de euros en educación. Una frase del Rector de la UPV, Iñaki Goirizelaia, valora de manera oportuna, sintética y contundente lo que representan estas medidas: "Si la educación es cara, no podemos ni debemos experimentar el coste que puede llegar a tener la ignorancia".

En materia de Formación Profesional, que es el tema que nos ocupa aquí, hay que hacer dos referencias específicas, aparte del impacto general del aumento de ratios o jornada lectiva que afecta tan negativamente a esta etapa como al resto de etapas del sistema educativo.

En primer lugar, se difiere  la aplicación del RD 1147/2011 al curso 2014-2015. Este decreto es de 29 de julio de 2011 y establecía la ordenación general de formación profesional del sistema educativo.

Los cambios que contiene el RD 1147/2011 conformaban una de las reformas más importantes en la ordenación de la formación profesional del sistema educativo. Estos cambios iban pretendidamente dirigidos a facilitar el aumento de nuestro nivel de titulados y, por tanto, a promover la convergencia con Europa en los niveles de cualificación de la población activa del país (aquellos que suelen utilizarse como indicadores de competitividad), datos a los que aludía el ministro Wert hace muy poco para "constatar" la "ineficacia de la LOGSE" y justificar la implantación de un modelo dual del que no sabemos todavía nada.

Ni siquiera se ha manifestado el ministro a favor de conservar o adelantar, con carácter general, sólo algunas de las medidas claramente positivas para la dinamización y modernización del sistema, como las pasarelas entre los diferentes niveles, la generalización de los Programas de Cualificación Profesional Inicial (PCPI) de dos años o los cursos de acceso específicos, por decir sólo algunas . Es evidente que "se ha valorado el coste de implantarlas, pero no el coste que nos supondrá prescindir de ellas”.

Ha habido una excepción. Se permite la  paralización toda la reforma contenida en el RD 1147/2011 menos la disposición adicional séptima, la que permite que el Ministerio autorice a los centros docentes militares a ofertar títulos de FP del sistema educativo. Al parecer, había comenzado a aplicarse antes que todas las demás, por lo que no ha podido afectarle el aplazamiento.

Es oportuno recordar que este Ministerio derogó los nuevos temarios de oposición, ya publicados y en vigor, antes de que se pudieran utilizar en ningún concurso. Esto ha obligado a volver a utilizar los antiguos, es decir, nuestros opositores han de prepararse en contenidos y materias desfasados ​​o ya inexistentes en las disciplinas y especialidades correspondientes (sólo hay que pensar, en la informática o la electrónica de los temarios hace 15 años), lo que supone una involución inexplicable que denota una clara falta de preocupación por lo que deben saber los profesores/as y lo que deben enseñar al alumnado.

En segundo lugar hay que decir que, también, anuncia el RDL 14/2012, el decreto de los recortes, que los ciclos formativos de grado medio y grado superior cuya implantación estuviera prevista para el curso escolar 2012-2013 se implantarán en el curso escolar 2014-2015. Una decisión nefasta, a nuestro juicio.

No se puede justificar de ninguna manera que se dejen de aplicar las nuevas titulaciones porque son las que incorporan las nuevas competencias que demandan los sectores del mercado de trabajo actual. ¡Por eso se actualizaron! ¿Cómo es posible que se planteen dejar de ofrecerlas, cuando lo que hay es una verdadera necesidad de facilitar, en lo posible, el acceso al trabajo? La actualización de las titulaciones supuso un esfuerzo colectivo y económico enorme. No tiene ningún tipo de explicación que en el contexto actual de crisis y paro juvenil no se aproveche la potencial rentabilidad que tiene renovar la oferta de títulos.

Todo ello no es sólo no avanzar, es simple y llanamente retroceder. Y por lo tanto, desde CC OO, entendemos que esta medida junto con otras como los recortes de la inversión en I+D+I  implica que el Gobierno ha renunciado a intentar un cambio en el modelo productivo y apuesta por mantener a España en un papel muy secundario en el conjunto de la UE en el campo del desarrollo socioeconómico.



martes, 31 de julio de 2012