jueves, 20 de noviembre de 2014


Mediterráneo inunda Las Vegas

Serrat recibe el homenaje de la industria de la música latina con un espectacular concierto


Joan Manuel Serrat durante la ceremonia en Las Vegas. / Chris Pizzello (AP)

“No hago otra cosa que pensar en ti”, cantaba en la noche del miércoles Joaquín Sabina. Lo hacía en un escenario en un casino de Las Vegas, lo que sea que eso significa para Sabina, y se lo cantaba a Joan Manuel Serrat, dentro del homenaje que la industria de la música latina ofreció al artista catalán como Persona del Año. “Gracias por tanto”, saludó Sabina a su amigo, al que escoltó durante toda la noche. Antes, Niña Pastori había inaugurado el concierto con La Saeta, Juanes había cantado Hoy puede ser un gran día. Jorge Drexler derritió Tu nombre me sabe a yerba y Pablo Alborán hizo una versión arrolladora de Fiesta que dio el tono literal de lo que fue la noche de Serrat en la ciudad del espectáculo.
Rubén Blades, vestido de traje, con una increíble versión caribeña de Para la libertad cerró a las 10 de la noche (7 de la mañana del viernes en España) un show impecable como quizá solo puede dar Las Vegas. “Me encanta esta ciudad”, proclamaba poco antes del concierto Andrés Calamaro. “Esta babilonia tan interesante en medio del desierto. La última vez que vine me compré una guitarra autografiada por Muddy Waters. Pero ni el más grande y mágico de los magos de Las Vegas podría sacar de la cartera una figura de la talla y el compromiso de don Juan Manuel Serrat”.
Juanes toca 'Hoy puede ser un gran día' en el homenaje a Serrat. / Reuters
“Me siento muy feliz, muy honrado y muy emocionado”, dijo Serrat, finalmente sobre el escenario del hotel Mandalay Bay. “Es la primera vez que estoy en un concierto mío en el que yo no canto”. Serrat hablaba para un público de artistas cuando dijo: “Canto por el placer de cantar. Todos lo hacemos, desde el más humilde hasta la estrella más rutilante canta por el placer de cantar. Cantamos también por el placer de contar historias. La música, escribir, y todo lo que conlleva subir al escenario es algo maravilloso”. Y a continuación cantó que en su niñez sigue jugando en la playa, que escondido tras las cañas duerme su primer amor, y que nació en el Mediteráneo. El poder de esa canción, en la voz de Serrat septuagenario en la noche de Las Vegas, resumió lo que se estaba celebrando allí.
Miguel Bosé interpreta 'Lucía' en el homenaje a Serrat. / John Parra
"Serrat es el mejor escritor de canciones en lengua castellana, esa es mi opinión", sentenciaba Jorge Drexler en los momentos previos a la gala. "Es un maestro del verso, con una musicalidad y un refinamiento en los textos inigualable", afirmaba Drexler, que está nominado en cinco categorías en los premios Grammy Latinos que se celebran este jueves. 
El concierto homenaje a la Persona del Año es el evento de los Grammy Latinos más apreciado por los artistas. Mientras la entrega de premios del jueves está orientada al márketing y la televisión, este es un concierto donde solo importa la música, destacaba en la alfombra roja Enrique Bunbury. "Vemos a nuestros compañeros encima del escenario, es fantástico. Va a ser una noche muy bonita". Sobre Serrat, Bumbury afirmó que "estamos ante un gigante de la música, nuestro Dylan, nuestro gran poeta. Todos los que nos dedicamos a la música de los 60 para aquí estamos influidos por Serrat, queramos o no". El año pasado, la Persona del Año de la Academia Latina de la Grabación fue Miguel Bosé, que en esta gala regaló a Serrat vestido de negro una sobria y sentida versión de Lucía, el nombre de su madre.
El entorno del casino de Las Vegas y de la celebración de los Grammy Latinos no dejaba de decir algo también de la talla internacional de Serrat, que hay cumplido 50 años de carrera este año. Calamaro, que tiene dos nominaciones en los premios del jueves por la noche (madrugada del viernes en España) destacaba que “ningún autor tiene semejante repertorio, de esa calidad y con ese carisma. Estoy orgulloso de pertenecer al mismo gremio que él desde la humildad de mis canciones”.

jueves, 13 de noviembre de 2014

Querer a Serrat

Escucharle quizá nos dé el sosiego para entender que todos somos de la misma raíz



El restaurante de Buenos Aires donde él recala cuando viene aquí, desde donde escribo ahora, es un lugar en el que se idolatra a Joan Manuel Serrat. Este mediodía le están dando en Madrid el premio Ondas; han pasado unas horas desde que su disco nuevo, Antología desordenada, que iba a llamarse Trencadís, está en la calle, y su voz (opinando, rememorando) está en todas las emisoras y en todos los periódicos.
En las paredes del restaurante él está retratado con los grandes ídolos de la historia musical, literaria y futbolística argentina, con Borges y con Cortázar, con Messi y con Maradona, y también con Tomás Eloy Martínez y con Astor Piazzola. El mesero habla de él señalando para una mesa, como si ahí estuviera Serrat siempre, “hace un rato estuvo acá”. Como si el Noi del Poble Sec fuera el muchacho de la Boca, como si él mismo, que ya es veterano, aunque menos que Serrat, lo hubiera llevado de chico a la escuela.
El suplemento literario de La Nación de Buenos Aires publica este mismo día (el jueves último) un inmenso reportaje de una de las estrellas del periodismo (y de la escritura) de acá, Jorge Fernández Díaz. Revela “los secretos de un poeta plebeyo”. Así acaba, como si reflejara el clima que acabamos de ver en torno al cantante en su restaurante más querido de la ciudad: “Mientras espero el taxi suena su ringtone muy cerca: es la voz de Serrat, pero en versión metálica. Para la libertad, sangro, lucho y pervivo. Para la libertad”.

Ha ahondado tanto en lo que no sabemos decir que sus palabras y su ritmo han sido instrumento para que lo pudiéramos decir

Durante los años oprobiosos, los argentinos tenían esa melodía en la cabeza clandestina y en las casas, y era Serrat tan de dentro que ahora, cuando hablan de él quienes lo evocan o lo describen, abren los ojos como si estuvieran dando noticias de un pariente. En ese reportaje con que saluda esta mañana la presencia de Serrat en Argentina y en el mundo hay un relato de lo que ha sido su modo de decir (canciones, palabras) a lo largo de los años, desde que era un pibe allá en Barcelona hasta este viaje en el que ahora se ha empeñado, con su Trencadís que se llama Antología desordenada. En realidad, Serrat ha ido contando, con su voz y las de los poetas (Machado, Hernández, Benedetti…), la angustia y la esperanza de un tiempo que, como cantó también su amigo Raimon, será el nuestro, o un país que no hemos hecho.
El resultado de esa larga excursión íntima por lo que ve y por lo que le afecta ha sido, en cierto modo, una traslación sentimental de lo que ha ido pasando por la cabeza de las diversas generaciones que lo abrazan o lo tararean. No se trata, tan solo, de canciones, pues éstas se pueden oír en la voz metálica de los taxis; se trata de que Serrat ha ahondado tanto en lo que no sabemos decir que sus palabras y su ritmo han sido instrumento para que lo pudiéramos decir. Eso lo ha convertido en compatriota de todos, en España, en Iberoamérica.
Ahora que no sabemos decir lo que nos pasa, en el fragor de lo que pasa, escuchar a Serrat quizá nos dé el sosiego suficiente para entender que todos somos de la misma raíz. Esa raíz es la poesía y el acuerdo, la señal de que entendernos de veras sería otro cantar.
Oír a Serrat es quererlo. Cuando dejo el restaurante al que él va me dan recuerdos para él. En el altavoz chiquito suena su voz, en catalán ahora.

jueves, 6 de noviembre de 2014


“La vida ha sido generosa conmigo, no tengo resabios, se duerme mejor”

'Antología desordenada' es la recopilación de 50 canciones de Serrat


Joan Manuel Serrat, este martes en Madrid. / atlas / samuel Sánchez

De no haber tenido éxito Cançó de matinada, su primer gran número uno, a lo mejor Joan Manuel Serrat hubiese hecho avances en el campo de la biología. “Como investigador”, asegura, “aunque como maestro tampoco hubiese estado mal. En otras épocas, digo, no en esta…”. De todas formas, en su balance con la vida se muestra más que satisfecho, como se desprende de esta recopilación, Antología desordenada, presentada ayer y cocinada al alimón con más de 30 compañeros que han reinventado 50 canciones suyas para celebrar medio siglo de carrera.
A pesar de tan férrea resistencia en su campo, tampoco quiere ahorrar críticas a lo que le rodea o mostrarse indiferente. Eso nunca. Por ejemplo, con respecto a lo que vaya a determinar el domingo 9, día en que está convocado ese duelo al sol entre el envite soberanista y el Estado. “Pues todavía no sé lo que haré, depende de cómo se desarrollen los acontecimientos esta semana. Pase lo que pase, quiero dejar claro que la gente tiene todo el derecho a decidir sobre su futuro, aunque a mí se me hace muy difícil pensar en Cataluña fuera de España”.
Ni esas tensiones le llevan a experimentar una sensación que dice desconocer: la amargura. “No, nunca”. Desde que escribió su primera canción, Ella em deixa, con 19 años, “y no era autobiográfica”, confiesa haber aportado tristeza, nostalgia, alegría. Recuerda también cómo al principio de la década de los setenta se fue colando la ironía en sus textos y en las melodías: “La ironía como algo reconocible, se me aparece entonces y la percibo como un mecanismo estupendo para desdramatizar asuntos sensibles”, afirma. “Además, la censura, entonces, la precipitaba”.
Creo que la gente tiene todo el derecho a decidir sobre su futuro

Pero aquella sal de mirada con retranca a las cosas nunca se tornó salmuera, ni le rozó heridas que le hicieran supurar a quien encarnara como pocos la ilusión colectiva del final del franquismo y los primeros pasos de la democracia. “Amargura, no, insisto, amargura no he tenido nunca. La vida es y ha sido muy generosa conmigo, no tengo resabios, se duerme mejor”. No quiere entrar en los arrepentimientos. “Los tengo y muchos, pero no me da la gana contarlos. Sí puedo admitir que, allá donde los he detectado, he tratado de corregirlos, pero sobre todo para mi tranquilidad, en defensa propia. Lo que cuenta, al final, no es haberme equivocado, sino haber obrado en consecuencia con lo que uno piensa”.
Tampoco ha sido muy favorable a regodearse en su trabajo quien desde el minuto uno fue reconocido pilar de la Nova Cançó. El noi de Poble Sec, que se movía como nadie entre la dualidad catalana por parte de padre y la aragonesa, herencia de una madre maña, confiesa que después de una composición, pasa página: “No las escucho en casa ni en el coche. Si voy por el pasillo y de la habitación de alguno de mis hijos noto que sale o, mejor dicho, salía, una de ellas, me llena de orgullo”.
A mí se me hace muy difícil pensar en Cataluñafuera de España

Aunque para este trabajo se ha esmerado y se ha vuelto a enfrentar a muchas de ellas. “Ha sido un año duro. Me empeñé en tratar directamente por teléfono o correo con todos los que han colaborado en esta antología. Con cada uno he realizado los arreglos, en la experiencia hemos aportado cada uno un 50% para cada tema escogido”. Se nota su afán perfeccionista: “Este trabajo cuenta con algo de dedicación y otro tanto de talento. Ambas virtudes conjuntadas suelen dar como resultado eso que llamamos inspiración”. La ha tenido a raudales para poner en marcha este macroproyecto en el que ha contado con la complicidad de artistas dispares que le reconocen la maestría. La lista da idea de su impacto: de Les Luthiers a Lolita, Poveda, Carmen Linares o Silvia Pérez Cruz; de Paquita la del Barrio a Calle 13 o Rubén Blades. De Estopa, Pablo Alborán o Alejandro Sanz a Dulce Pontes. De Joaquín Sabina, Miguel Ríos o Víctor Manuel y Ana Belén a Soledad Giménez, Aute o Mercedes Sosa, un carrusel de artistas de varias nacionalidades hacen suyas las influencias de un autor que renovó la música popular y la dignificó hasta sus cotas más altas.
Los homenajes no le dan urticaria. Ni siquiera este, en cuatro volúmenes. “Todos los días trato de darme uno, siempre que el cuerpo lo permita”. De aquellos problemas de salud con un par de cánceres bien agarrados a tiempo, no queda rastro: “Siempre hay que estar atento, pero ya pasó".
Queda un legado que va magnificándose con el tiempo y flexibilizándose en la garganta de tantos otros que lo tratan como a un maestro. Menos sus vecinos, dice Serrat. “Ahora, como voy a salir tanto en la tele, se fijarán. Pero cuando me ven ir a comprar el pan o a por el periódico o acercarme a la farmacia, ni se dan cuenta. Allí soy el que pasea al perro, ese que ladra tanto”.
A veces le echan en falta. Como ocurrirá a partir del año que viene, cuando emprenda carretera y manta de nuevo: le esperan 90 conciertos por todo el mundo. Desde febrero por Uruguay, Argentina, Paraguay y Chile. Después, en verano, España y, en otoño, vuelta a América: Caribe, Centro y Norteamérica (México y Estados Unidos), Colombia, Ecuador y Perú. Su mayor reconocimiento, pues: no hablar ni en broma, de retiradas.

miércoles, 5 de noviembre de 2014


Un Serrat panorámico

La caja 'Antología desordenada' ofrece un recorrido por los diversos registros creativos del trovador de Poble Sec a través de 50 canciones y 31 dúos, algunos con arreglos inesperados


JORDI BIANCIOTTO / EL PERIÓDICO DE CATALUÑA/Miércoles, 5 de noviembre del 2014
Joan Manuel Serrat, durante la presentación de 'Antología desordenada', ayer en Madrid.
El 18 de febrero de 1965, Joan Manuel Serrat actuó por primera vez en público, en el estudio Toreski de Radio Barcelona, para el programa Radioscope, conducido por Salvador Escamilla. Con la inminencia de ese 50º aniversario de carrera, el cantautor publica esta semana Antología desordenada, una caja de cuatro compactos que reúne 50 canciones destacadas de su trayectoria, la mayoría regrabadas expresamente, 31 de ellas en dúos con voces selectas. Desafiando el título de la obra, recorremos su contenido tratando de ponerle, precisamente, un orden a ese cancionero a partir de áreas temáticas.

MEMORIA

Los fantasmas de 'Cançó de bressol'

Serrat ha querido que ese recorrido por su obra se abriera con una nueva versión de Cançó de bressol, una pieza enraízada en sus recuerdos más íntimos, dedicada a su madre, la aragonesa Ángeles, nacida en la martirizada Belchite. De ahí, de ese recuerdo familiar envuelto en la tragedia de la Guerra Civil, viene el cantautor, que revisa la composición desde un encuadre sobrio y un poco fantasmal, con piano y cuerdas dramáticas. La memoria histórica, particularmente vinculada a aquellos tiempos de contienda y posguerra, se deja oír en otras piezas de la antología, como Romance de Curro el Palmo, un drama que evoca, con ánimo coplero, la España más oscurantista, y que aquí revive con la voz intensa de Alejandro Sanz (que siempre la mencionó como su favorita de Serrat), y Pueblo blanco, con su retrato hiperrealista de unas calles en las que «por no pasar, ni pasó la guerra».

AMOR

Una desnuda 'Lucía' con Silvio Rodríguez

En una antología provista de arreglos sofisticados, llama la atención la toma desnuda de Lucía, a dúo con Silvio Rodríguez, sin teclados ni aditivos complejos, solo dos voces y una guitarra. Más figuras femeninas evocadas: la melancólica Helena, que Serrat ha regrabado con voz madura, cuatro décadas después del disco Per al meu amic, y Penélope, con sus imágenes de emigración, revisada con Gino Paoli, la voz de Sapore di sale. El sentimiento romántico se impone en otras muchas piezas, como Paraules d'amor, que cierra la antología en un sentido dúo con Pablo Alborán, partenaire propenso a unos melismas flamencos aquí bastantes contenidos (y que ya cantó en el pasado en catalán su célebre Solamente tú). Serrat busca otros aliados para cantar al amor: la temperamental intérprete mexicana Paquita la del Barrio en No hago otra cosa que pensar en ti; Luis Eduardo Aute en Y el amor, que, con su fusión de trascendencia y sensualidad, parece hecha para él; Joaquín Sabina en la melévola Me gusta todo de ti (pero tú no), y Noa en la recuperación simplemente remasterizada de Es caprichoso el azar. 

IDENTIDAD

'Mediterráneo' renace con guitarras y palmas

La canción que de una manera más concluyente define a su autor es Mediterráneo, un tótem al que Serrat le ha dado un buen meneo, lejos de la orquestación original de Juan Carlos Calderón, con palmas, guitarreo meridional y el poderoso carácter vocal de Lolita. Si ahí, el cantautor se definía, sobre todo, como mediterráneo, otras canciones precisan en qué rincones de ese mar creció. Barcelona i jo resurge con sus citas a Cerdà y Porcioles, y unas estrofas que quizá suenan ahora aún más vigentes que cuando fue grabada por primera vez, en 1989: Serrat dice que ama la ciudad «per què es viva i perquè es queixa». Canta también a la capital catalana, en tonos poco amables, en El meu carrer, un retrato sombrío de sus orígenes al que invita a una ilustre voz jonda, la de Miguel Poveda, sobre acordes de guitarra y cadencia rumbera. Más lejos en su recuerdo, pero también ligada a su paisaje emocional, está Cançó de matinada, evocación del entorno rural más remoto.

ACTITUD

Estopa, cómplices en 'Me'n vaig a peu'

Algunas de las más memorables canciones de Serrat tienen que ver con la actitud vital y la determinación, como en la juvenil Me'n vaig a peu, que anuncia al mundo la intención de abordar las cuestas por muy empinadas que sean. Aquí, sus aliados son los hermanos Muñoz, Estopa, en una toma cálida y con toques de rock latino. La contagiosa Hoy puede ser un gran día procede del disco El gusto es nuestro, con Víctor Manuel, Ana Belén y Miguel Ríos, como la emprendedora Cantares. Para las estrofas fatalistas, irónicas, de Seria fantàstic, Serrat ha preferido quedarse solo.

COSTUMBRISMO

Supergrupo con Fito Páez y Adriana Varela

El retratismo social, familiar, vecinal, una constante de la obra de Serrat, se manifiesta en La tieta, en una versión que podría haber calado más hondo con más piano y menos sintetizador. Temps era temps, enmarcada en un imaginario generacional, tiene en Pi de la Serra a un creíble cómplice, y Las malas compañías se crece en su diálogo burlesco con los argentinos Les Luthiers. Para dar más lustre a Fiesta irrumpe un supergrupo argentino, Resaca Sucada, en el que figuran Fito Páez, Adriana Varela, León Gieco y Celeste Carballo.

COMPROMISO

Mestizaje latino y una sentida Pérez Cruz

Tres invitados latinos asoman en piezas con mensaje comprometido: Pablo Milanés en el canto mestizo Te guste o no, Rubén Blades en Para la libertad (Miguel Hernández), con osado tratamiento latino, y Calle 13, inyectando todo un rap en la ácida Algo personal. Serrat aborda en solitario Niño silvestre, sobre la infancia maltratada en el Tercer Mundo, e incluye en la antología dos piezas prematuramente ecologistas, Pare y Plany al mar. Esta última cobra una nueva dimensión con la voz arrebatada de Sílvia Pérez Cruz, que canta como si estuviera viendo arder su paisaje marinero del Empordà: «Quanta abundància / Quanta bellesa / Quanta energia / (ai, qui ho diria!) / Feta malbé!».

jueves, 16 de octubre de 2014


La fabulosa década de Messi

Messi, en un partido de Liga con el Barça. / CARLOS MARTINEZ (DIARIO AS)
Hoy se cumplen 10 años del debut oficial de Messi como jugador del Barça. El delantero de 17 años, dorsal 30, sustituyó a Deco en el partido jugado en Montjuïc con el Espanyol (0-1). No fue un encuentro para recordar precisamente ni supuso el punto de partida de la sombrosa trayectoria del cuatro veces ganador del Balón de Oro. El rival ciudadano muy bien pudo ser el destino de Leo cuando el Espanyol se interesó por su cesión en los momentos de confusión sobre el futuro de un jugador cuya licencia fue denunciada un año después por Javier Tebas, entonces abogado del Alavés y vicepresidente de la Liga, porque no se tramitó a tiempo la ficha de Messi.

Leo se convirtió en Maradona en  2007 cuando le marcó un gol al Getafe en una jugada parecida a la protagonizada por Diego en México 86 

Aunque como ganador ha tenido mil padrinos, no es casual que su compromiso con el Barcelona empezara con la firma en una servilleta, señal de frivolidad o por contra de fe ciega, como si su éxito estuviera tan garantizado que no hubiera necesidad de ningún papel porque nadie dudaba de Messi. Alcanzada la celebridad, es fácil y gratificante reconstruir su paso por La Masia. Hasta que Capello llegó al Gamper de 2005, sin embargo, la carrera de Messi fue de consumo interno y hubo incluso quien propuso que se fogueara en Montjuïc y no en el Miniestadi. Leo deslumbró entonces al Camp Nou cuando le tiró un caño a Cannavaro y el técnico de la Juve exclamó: “Denme a este pequeño diablo; nunca vi a un chico de su edad jugar de manera tan descarada; parece Diego”.

Messi bate a Iraizoz en un duelo de esta temporada / Getty

Messi se convirtió en Maradona en abril de 2007 cuando le marcó un gol al Getafe en una jugada parecida a la protagonizada por Diego en el Mundial de México 86 contra Inglaterra. Los goles son tantos y tan exquisitos que no solo permiten calibrar su figura en cada momento sino que ayudan a actualizar el fútbol. Las últimas generaciones de hinchas saben de Zarra, Muller, César, Di Stéfano, Maradona, por las hazañas de Messi. Ha sido 10 jugadores distintos en uno desde que se estrenó como goleador en mayo de 2005 en los tres minutos que jugó ante el Albacete: marcó un gol de vaselina después que el árbitro le anulara un gol de vaselina. Así funciona Leo.

Sus goles son tantos y tan exquisitos que no solo permiten calibrar su figura en cada momento sino que ayudan a actualizar el fútbol

Messi se arrancaba por la banda, regateaba, desbordaba y marcaba goles. No había manera de tirarle y si un zaguero metía la pierna quedaba retratado, como le pasó a Del Horno en Stamford Bridge, en febrero de 2006, cuando Mourinho denunció que en Cataluña se hacía “teatro del bueno”. Guardiola respondería al portugués en la sala de prensa del Bernabéu, en 2011, con el latiguillo del “puto amo”. Messi coronó después la victoria barcelonista en el torneo por excelencia del Madrid: la Copa de Europa. El argentino había dejado de ser extremo dos años antes para convertirse en falso nueve por decisión de Guardiola en el mismo Chamartín la noche del 2-6.
No hubo ariete que tuviera una vida fácil con Messi. Ni Eto’o, ni Ibrahimovic, ni Villa. Messi metía goles hasta con el escudo, como en el Mundial de Clubes, porque era imparable por la velocidad de conducción de la pelota, la frecuencia en el toque, el cambio de ritmo, la gambeta, la explosividad, hasta que se rompió en abril de 2013 en París. Rota la lámpara, se apagó el Barça.

Messi celebra perseguido por Eto’o el segundo tanto del hat-trick que le marcó al Madrid en Liga en 2007 / ap

Messi ha reaparecido tiempo después como enganche, solidario y asistente, al servicio de Neymar, como si regresara a la salida, al partido con el Albacete, cuando fue sacado a hombros por Ronaldinho. El chico que se acuesta en Rosario y se levanta en el Camp Nou aspira a convivir con Neymar y Luis Suárez. Tiene el gen competitivo argentino y la cultura futbolística del Barça para reinventarse como 10 después de ser un 7 y un falso 9. El éxito del Barça siempre dependió de su felicidad. Y puede que ahora el triunfo pase porque Messi juegue para el Barça en lugar de que el Barça juege para Messi. Hoy, 10 años después, empieza una nueva década con Messi.