martes, 26 de agosto de 2014


Condenada

Juan Jorganes Diez | Profesor
nuevatribuna.es | 23 Agosto 2014 
El PP criticó la “actitud egoísta de Lidia Ruiz Salmón”, alcaldesa de Torrelavega, y su “escandalosa falta de respeto” por no asistir al acto “más antiguo y tradicional de las fiestas de la ciudad”: la misa y posterior procesión en honor a la Patrona con ofrenda del bastón de mando a la Virgen. El PP la considera “una persona incapaz de entender el significado de las fiestas patronales y de desempeñar como es debido el cargo de regidora municipal”.  La califica de “deshonra” para Torrelavega. Creen que “no es digna de ser alcaldesa”, pues “ha rechazado estar con los vecinos en un día tan importante, que es una conmemoración histórica del sentir colectivo, de lo que nos une, y de lo que ha significado el día de la Patrona para nuestros antepasados y para los torrelaveguenses de todas las generaciones”.
-¡Por un Estado laico…!
-¡Ya!
“La violencia religiosa tiene su origen en el universalismo de la igualdad entre los creyentes, que priva a los no creyentes o a los que tienen otras creencias, de aquello que se les promete a ellos: dignidad e igualdad”, escribe Ulrich Beck en Dios es peligroso. De los ocho días festivos de ámbito nacional, cuatro son religiosos y en un quinto (12 de octubre) se amalgama la idiosincrasia festiva de España: pasado imperial, fiesta nacional (acepciones patriótica y cornúpeta) y santoral católico en conmemoración de una Virgen, patrona de la Guardia Civil, fuerza de seguridad de un Estado constitucionalmente aconfesional. Sostiene Beck: “Los dioses monoteístas y sus verdades eternas establecen categorías merecedoras de condena” como “hereje”, “pagano”, “supersticioso”, “idólatra”. La alcaldesa de Torrelavega ha sido condenada por “egoísta”, “irrespetuosa” (en grado escandaloso), “indigna”, “incapaz”. Si Dios es peligroso, los segundos y terceros escalafones hasta llegar al concejal de tu pueblo son para echarse a temblar. 

miércoles, 6 de agosto de 2014


El centrocampista por excelencia


Xavi, en el partido ante Holanda en el pasado Mundial. / cordon press

La selección española conquistó el mundo cuando dejó de apelar a la furia de los defensas y a la pillería de los delanteros para encomendarse a la sabiduría los centrocampistas como Xavi. No se ganó la Copa con Belauste ni con Butragueño, ni siquiera con Raúl, porque siempre había un zaguero más alto y fuerte y un ariete mucho mejor, sino que los títulos se alcanzaron con futbolistas que organizaban el juego a partir de la pelota. No es casualidad que el único Balón de Oro español sea Luis Suárez. Ni tampoco que el seleccionador responda al nombre de Vicente Del Bosque, sustituto a su vez de Luis Aragonés, contemporáneo de Javier Clemente. La mayoría de aficionados retiene en su memoria a un volante o interior favorito que ha sido redimido en el tiempo por la figura de Xavi.
La Quinta del Buitre no sólo es célebre por la pluma de Julio César Iglesias y los goles de Butragueño, sino por los pases de Martín Vázquez y los centros de Michel de la misma manera que el Dream Team de Johan Cruyff en el Barcelona se vertebró desde la figura del 4 encarnada por Luis Milla y posteriormente por Pep Guardiola, arquitecto después del gran Barça campeón de Europa y de la Copa del Mundo. Las grandes revoluciones del fútbol español han sido protagonizadas por centrocampistas, la última por Xavi, un jugador que ha marcado el estilo con la misma suavidad y elegancia que un Rolls Royce. Aunque pueda ser oportunista no está de más recordar que Pelé insiste en que Brasil no volverá a ser Brasil hasta que encuentre a su Xavi. O Rey al fin al cabo jugó en un equipo con cinco dieces en el Mundial del 70.
Xavi hacía jugar a La Roja con y sin 9. El ascendente del futbolista azulgrana, coronado como el número 1 en el Europeo 2008, ha menguado con los años, hasta el extremo de ser considerado prescindible en la selección y en el Barça. Nadie se cortó las venas cuando no fue titular en el momento decisivo del último Mundial y de la Liga. Incluso hubo quien aplaudió a Del Bosque y Tata Martino. Hay una corriente mayoritaria que apuesta por la jubilación o retirada progresiva de Xavi. Ocurre que en su ausencia el equipo no sólo ha seguido sin ganar sino que nadie ha sido capaz de asumir el rol de metrónomo. Y es que, como buen centrocampista, Xavi es decisivo por lo que representa y sobre todo porque hace buenos a los demás, incluido Messi.
Xavi simboliza el culto al juego y el amor a la pelota en un deporte de equipo cada vez más canibalizado por los egos de los delanteros y porteros, nada que ver con los centrocampistas, protagonistas del fútbol español.

lunes, 28 de julio de 2014

Rubem Alves, el teólogo que escapó del gueto de las iglesias

El escritor brasileño pensó la religión desde su relación con la poesía y la vida


Rubem Alves, teólogo y escritor brasileño. / LUCAS LACAZ (FOLHAPRESS)

La muerte del brasileño Rubem Alves el pasado 19 de julio ha teñido de luto a la teología latinoamericana, y muy especialmente a la teología de la liberación, de la que algunos autores le consideran el padre y fue, ciertamente, uno de sus principales iniciadores, junto con otras grandes figuras como José Comblin, José Míguez Bonino, Juan Luis Segundo, Gustavo Gutiérrez, Segundo Galilea y sus compatriotas Hugo Assmann y Leonardo Boff. Su tesis doctoral, Hacia una teología de la liberación humana, publicada con el título de Teología de la esperanza humana, causó un profundo impacto en el panorama filosófico, teológico y científico-social mundial. La editorial Sígueme la publicó en 1973 con el título Cristianismo, ¿opio o liberación? con una presentación del teólogo norteamericano Harvey Cox, autor de la paradigmática obra La ciudad secular, que definía a Alves como un intelectual que sabía “combinar el corazón apasionado y comprometido del Tercer Mundo con una inteligencia refinada” y cuya mente “puede agrupar, como herencia, bajo un solo enfoque, las opiniones de Franz Fanon, Karl Marx, Jürgen Moltmann, Mario Savio, Karl Barth y Paul Lehmann, y enriquecerlos con las ideas de intelectuales latinoamericanos, tal como como Esdras Costra y Paulo Freire”.
¿Se extralimitaba Cox con tal reconocimiento? Creo que no. Alves se convirtió muy pronto en referencia obligada para la elaboración de una teoría crítica de la civilización actual y de la teología, tanto tradicional como moderna, así como un crítico radical de la dictadura brasileña y del fundamentalismo de las iglesias cristianas. Por ambas críticas tuvo que pagar un doble precio: la persecución de la dictadura de su país que le obligó a exiliarse y la expulsión de la Iglesia Presbiteriana, a la que pertenecía. Con todo, fue esta una condena beneficiosa, ya que, según la interpretación de Leopoldo Cervantes-Ortiz, “Alves salió para siempre del gueto de las iglesias para entrar de lleno en el terreno de la imaginación”. Es la experiencia que hemos vivido muchos teólogos y teólogas heterodoxos de nuestras iglesias, que nos ha conducido por los caminos de una teología inclusiva, interreligiosa, intercultural, interétnica e interdisciplinar, que nos ha enriquecido humana y religiosamente y a la que nunca hubiéramos llegado si nos hubiéramos instalado en el regazo eclesiástico materno.
Alves incorpora un nuevo lenguaje a la teología: el del humanismo político, que es el de la esperanza; el de la libertad, que anuncia un ser humano y una comunidad alternativos; el histórico, que habla de los sufrimientos, los gozos y las esperanzas de los hombres; el secular y secularizado, que abandona la metafísica, “lo religioso” y los absolutos eclesiásticos, pero también los absolutos históricos; el iconoclasta, subversivo y de la imaginación, que rechaza los hechos como límite, da nombre a las cosas ausentes, rompe el hechizo de las cosas presentes y abre caminos hacia el futuro. Es, en fin, el lenguaje de la esperanza, que define como “el presentimiento de que la imaginación es más real que la realidad y que la realidad es menos real de lo que parece”. ¡Maravillosa definición!
Alves fue un pensador interdisciplinar que transitó por la teología, la literatura, la filosofía política, el psicoanálisis, las ciencias sociales y la educación. Todas sus obras son un intento, creo que logrado, de construir una teología lúdico-poética-erótica centrada en el cuerpo y en la vida en su dimensión real. El lugar de la teología es la vida cotidiana, no la academia. Teología y vida interactúan. Teología y literatura están en diálogo permanente. Su hablar de Dios y con Dios tiene como principales interlocutores a los poetas y otros autores literarios. Una de sus sugerencias finales fue sustituir la palabra teología por teo-poesía. Creo que habría que atenderla en beneficio de la teología y de la poesía. Solo por eso merece un lugar destacado en ambos lares.

Juan José Tamayo es profesor de la Universidad Carlos III de Madrid y autor de Teología de la liberación en el nuevo escenario político y religioso, Tirant lo Blanch, 2011.


domingo, 13 de julio de 2014


Juby Bustamante, emblema del periodismo y de la cultura

Trabajó en el MinisterIo de Cultura con Solana y Semprún


Juby Bustamante, escritora y periodista
Juby Bustamante, periodista, fallecida ayer a los 76 años, dormía a sus hijos con poemas, no con cuentos; en estos últimos tiempos, en que el dolor de su larga enfermedad ya fue una herida a la que fatalmente se fue acostumbrando, fue su hija Andrea (periodista; el otro hijo, Miguel, es editor) la que aliviaba sus últimos días leyéndole algunos de aquellos poemas, el de la infancia de Machado, por ejemplo; ella los continuaba, como si aún estuviera fresca la infancia de los chicos, con una memoria que tanto le sirvió para convertirse en una de las mejores periodistas de su generación.
Lo contaba ayer tarde un hombre desconsolado, su marido Miguel Ángel Aguilar, periodista, en el tanatorio de Tres Cantos (Madrid). El lugar se llenó en seguida de compañeros de Juby Bustamante, acaso la periodista más conocida, y entre las más queridas, del tiempo en que el periodismo español se debatía entre el cinismo de la dictadura y la esperanza de un porvenir que dependía de la muerte de Franco. Esos últimos años, así como los años de la transición, tuvieron en Juby un emblema; la pareja Juby-Miguel Ángel era entonces un símbolo del periodismo de la época; el cuadro lo completaban escritores y artistas de todo género, que compartían la vida y la noche con un extraordinario periodista, también desaparecido, Cuco Cerecedo.
Su trabajo mayor como periodista fue en la revista Cambio16, y después en Diario16, del que fue fundadora. Una vez enterrada la dictadura, y ya con el socialismo de Felipe González en el poder, Javier Solana la convocó al Ministerio de Cultura, como jefa de prensa y Jorge Semprún reincidió en el encargo. Conoció, pues, la vida del periodista desde el otro lado, y consideró que en esas premisas podía desarrollar una vocación que marcó también su trabajo previo como periodista. Ella había sido una extraordinaria periodista cultural, perspicaz y bien humorada, capaz de un sentido común implacable y de una pluma que no se casaba con nadie. Su manera de ser era también su manera de trabajar; y tanto en ese tiempo en que se convirtió en una ciudadana dedicada al servicio público como antes, ejerciendo el periodismo, tuvo más presente su pasión por la noticia que la servidumbre del poder. Fue una buena compañera, discreta y leal, pero se reía de ti con un afecto y una gracia inolvidable.


Fernando Soto, memoria de la honestidad

Histórico sindicalista de CC OO, fue uno de los diez condenados en llamado 'Proceso 1001'


JUAN FERRERAS (EFE)
Ha muerto en Sevilla, a los 75 años, Fernando Soto, histórico sindicalista de CC OO y uno de los diez del llamado Proceso 1001, que en diciembre de 1973, junto a otros nueve compañeros de la dirección nacional de CC OO, fue condenado a 17 años, 4 meses y 1 día por los tribunales de la dictadura.
Fernando Soto nació en Sevilla, el 7 de diciembre de 1938. Hijo de un matrimonio de trabajadores, recibió educación en un colegio público hasta los 12 años para ingresar después en la escuela de aprendices de la Hispano Aviación. Aprendió el oficio de chapista, y como tal ingresó en la empresa a los 18 años. En agosto de 1961 se casó con María Mendoza, con quien tuvo tres hijos.
No había cumplido los 21 años cuando ingresó en la célula del PCE en su empresa. Desde entonces no paró de defender los derechos de los trabajadores y trabajadoras, participando en la creación de Comisiones Obreras de Sevilla. En 1963 fue elegido enlace sindical y vocal provincial del Sindicato del Metal, desafiando a las estructuras de la organización sindical franquista.
Detenido por primera vez en 1967 cuando se manifestaba contra el paro y la represión y en demanda de libertad sindical, fue multado con 25.000 pesetas y procesado por el Tribunal de Orden Público, que le condenó a tres meses de cárcel. Detenido de nuevo en enero de 1969 al proclamarse el Estado de excepción, pasó un mes en la cárcel de Sevilla y luego fue deportado a Valdepeñas en Ciudad Real, hasta la finalización del Estado de excepción en el mes de marzo. En diciembre de 1970, se exilió a París y a su vuelta a Madrid vivió un año en la clandestinidad, hasta que fue nuevamente detenido en la reunión de la Coordinadora Nacional de Comisiones Obreras, celebrada en el convento de los Oblatos, en Pozuelo de Alarcón (Madrid) el 24 de junio de 1972, y encarcelado en Carabanchel.
Fernando Soto fue ya, en la legalidad, parte esencial del proyecto de crecimiento y consolidación de CC OO como el primer sindicato de España.
Podría extenderme con su historial militante hasta llenar páginas suficientes para editar un libro. No sería mala idea en estos tiempos de desmemoria o de crónicas temerarias de la transición. Cuesta entender que cuando, agazapada, la derecha del tardofranquismo, derrotada estrepitosamente en las urnas en 1977, conspiraba contra la democracia, que a duras penas se abría paso en España, gracias a la lucha fundamentalmente del movimiento obrero, se pretenda ahora reconstruir la historia reciente y vender madurez democrática donde solo había resignación o asonada. Hemos de hacer un esfuerzo para que la transición democrática española sea conocida y contextualizada, y por supuesto sometida a la reflexión crítica, pero evitando la frivolidad y la opinión precipitada. El agotamiento de aquel impulso democrático y la inaplazable necesidad de cambios políticos y constitucionales, no debe llevarnos a la torpeza intelectual de abandonar tan generoso patrimonio.
Fernando Soto, como tantos otros que nos han dejado sin hacer ruido y, en muchas ocasiones, sin que nadie haga ruido por ellos, lo cual me produce vértigo, debe servirnos para que no se manipule el tiempo de la resistencia y de la libertad. CC OO hará los esfuerzos necesarios para que eso no ocurra. Reivindica y reivindicará la historia de lucha por la democracia, el papel de las Comisiones Obreras y de aquellas gentes que gracias a la memoria de la honestidad harán posible que sigan entre nosotros.
Ignacio Fernández Toxo es secretario general de CC OO.