lunes, 28 de abril de 2014


Adiós a Tito Vilanova, un líder natural

El exentrenador del Barça fallece a los 45 años, víctima de un cáncer detectado en 2011 ● Su tándem con Pep Guardiola en el club azulgrana conformó un equipo inolvidable

Incluso cuando hablaba de su enfermedad, Tito Vilanova desdramatizaba y se refería a la clínica como un taller por el que tenía que pasar con una cierta regularidad por exigencias de la ITV. La última parada ha sido mortal. Tito Vilanova ha fallecido a los 45 años en Barcelona víctima del cáncer en la glándula parótida que sufría desde 2011 y que le apartó del fútbol.
Había aprendido Tito a convivir tanto con su dolencia que suavizaba la situación más tensa, también la última, cuando informó a un pariente suyo que en lugar de acudir a su finca para descansar durante la Semana Santa ingresaría en la clínica Quirón de Barcelona. Tenía un virus y su sistema inmunológico no respondía después de que tampoco hubiera funcionado el tratamiento experimental que había seguido en Francia. No le dio mayor importancia, como si fuera una rutina, porque al fin y al cabo desde hace ya un tiempo Vilanova entraba y salía de la clínica, iba y venía del campo de fútbol en que jugaba su hijo Adrià con el juvenil B del Barça y de vez en cuando se pasaba a cenar por algún restaurante con su esposa Montse.
Aunque pretendía hacer una vida normal, la gente hablaba sobre su aspecto, sobre el pañuelo que cubría su cuello, sobre su gorro de lana, sobre sus relaciones con Pep Guardiola y también sobre lo bien que se estaba portando Sandro Rosell. Hubo algún amigo íntimo que dejó de visitarle porque le daba apuro verle y conversar sobre la vida con la entereza que hablaba Tito. Quizá por su carácter de ampurdanés (Bellcaire, 17 de septiembre de 1968), había aprendido a convivir con su dolencia, a relativizar su dolor, a desafiar a la muerte que anunciaba la maledicencia. Los propios médicos, o al menos algunos de los doctores que le trataban, preveían en abril del año pasado que podía afrontar la temporada con un renovado optimismo: “Me siento fuerte”, anunció para recaer poco después ante la sorpresa del club, de la clínica y de los oncólogos que le habían recomendado trabajar como el mejor de los remedios. Aquel día hubo quien sentenció en el club: “A la que dejas de ser entrenador del Barça, pasas a ser un enfermo común. No es la mejor terapia”.
El Barça le dio vida a Tito y Tito se desvivió por seguir en el Barça desde que regresó a la entidad en la temporada 2007-2008. Guardiola le llamó para que fuera su ayudante en el Barcelona B. Ambos eran buenos amigos desde que convivieron en La Masia. Aunque habían sido centrocampistas virtuosos, vivían el fútbol desde puntos opuestos: la rauxa de Guardiola contrastaba con el seny de Tito. La mezcla funcionó estupendamente y si el filial consiguió el ascenso a Segunda B fue por el buen conocimiento de los rivales que tenía Tito, exjugador del Figueres, Lleida y Gramanet, además del Celta, Badajoz, Mallorca y Elche; técnico del Palafrugell; y director deportivo del Figueres y Terrassa. Ha dicho Guardiola que el título que más recuerda fue el de campeón de Tercera. Así se explica que no dudara en reafirmar a Tito como su segundo cuando al año siguiente llegó al Camp Nou. Guardiola procuró que a Tito no le faltara de nada y consiguió que Rosell le extendiera un contrato propio del mejor técnico de la Primera División.



Se formó en la Masia y en su época de jugador le pusieron el apodo de El Marqués


El Marqués, como se le calificaba en sus tiempos de jugador de los equipos inferiores del Barça, el mismo que había perdido la plaza de interior en el filial de Lluís Pujol en beneficio de Danny Muller, por entonces novio de una de las hijas de Johan Cruyff, era ahora el complemento ideal de Guardiola, igual que cuando mandaban Cruyff y Carles Rexach. Tito preparaba la estrategia, aconsejaba fichajes como el de Cesc, sabía a quién y en qué momento había que cambiar, entendía a Messi y concedía entrevistas con el visto bueno de Guardiola. El Barcelona se convirtió en el mejor equipo del mundo a partir del tándem Guardiola-Vilanova, 14 títulos en 19 competiciones. Hasta que en una consulta relacionada con los problemas de oído que había tenido desde pequeño se supo que tenía un tumor en la glándula parótida del que fue operado en noviembre de 2011 cuando el equipo viajaba a Milán. El cáncer ya no abandonó a Tito mientras Guardiola se distanciaba del Barça.
Guardiola y Tito también se fueron separando y les fueron enfrentando de forma progresiva hasta llegar a la ruptura y más tarde a la reconciliación, cuando ya no había ni intermediarios ni familiares de por medio, ambos alejados del Barça. Quizá Pep quería que la historia acabara como había empezado y puede que Tito pretendiera asegurar el futuro de su familia y dirigir la transición del Barça. El título de Liga de 2013 avala las intenciones de Vilanova, a cuyo regazo se entregó la plantilla, agotada por la cultura del esfuerzo de Guardiola. No pareció un ataque de vanidad sino que, consecuente con su personalidad, Tito consiguió relativizar el papel del entrenador del Barça frente a la figura de Messi. Y si alguna vez se dio importancia fue para combatir el menosprecio de quienes ninguneaban sus conocimientos.
Iba y venía Tito, como si no hubiera pasado nada, no sufriera ningún mal, igual que si estuviera de paso por la vida y por el Barça.

“Muchacho, es esta noche”

Uno de los capitanes de abril recuerda la Revolución de los Claveles, que este viernes cumple 40 años


Carlos Beato muestra su foto del 25 de abril de 1974 junto al capitán Maia (izquierda). / francisco seco

Corría el 24 de abril de 1974 y Portugal languidecía bajo una dictadura que duraba más de 50 años. Esa mañana, en el cuartel de la Escuela Práctica de Caballería, en Santarem, a 70 kilómetros al norte de Lisboa, el capitán José Salgueiro Maia, se cruzó con el alférez de reemplazo Carlos Beato (entonces de 27 años) y le dijo, en secreto:
—Muchacho Beato, es esta noche.
Lo que pasaría esa noche era un levantamiento o rganizado por un grupo de capitanes y oficiales jóvenes portugueses destinado a derribar la podrida dictadura de Marcelo Caetano, instaurar la democracia en Portugal y acabar con una guerra colonial en Angola y Mozambique completamente imposible de vencer desde el punto de vista militar.
“Y yo, claro, cuando oí al capitán Maia informándome de que todo iba para adelante y de que iba a ser ese día, pues sentí un escalofrío que me heló. Se puede imaginar: una cosa es conjurarse y otra distinta saber que todo va a comenzar en horas”, dice Beato, de 67 años.
Hay una foto famosa, reproducida en innumerables textos, folletos y cárteles, convertida en un icono histórico que presenta al capitán Salgueiro Maia, considerado el héroe de la Revolución de los Claveles, fallecido en 1992, con el fusil de asalto a la espalda, mirando al frente. Al lado hay un soldado con casco y bigote, con la guerrera abotonada hasta arriba que mira de reojo a su capitán con aire algo asustado.
“Claro que estaba algo asustado. Eran los momentos decisivos: cuando esperábamos a que Marcelo Caetano se rindiera ya, a eso de las cuatro de la tarde del 25 de abril. Por encima de nosotros volaba un helicóptero artillado que en cualquier momento podía hacer fuego y armarla. El dictador estaba encerrado en el cuartel general de la policía del Largo do Carmo, defendido por soldados fieles, y afuera, el pueblo, con nosotros, que quería entrar a tomarse la justicia por su mano”, añade.
Beato, vestido con traje y corbata, afable, simpático, sonríe hoy al recordar el jueves nublado que nada parecía encerrar pero que cambió la vida entera de Portugal con una revolución incruenta.
Todo había comenzado a las doce de la noche: en el despacho del cuartel de Santarem de Maia los oficiales implicados en el golpe esperaban la señal: a esa hora, debía sonar en Radio Renascença la canción Grândola, Vila Morena, de José Afonso. Su emisión, en una época sin teléfonos móviles, significaba que el plan seguía adelante en todas las guarniciones del país. No emitirla implicaba que algo había fallado. Beato, emocionado, nervioso, se pone en pie 40 años después para seguir contando: “Y ahí estábamos, esperando que sonara la canción, con los mapas de Lisboa en la mesa del capitán. Y dan las doce y nada. Y las doce y cinco y nada. Y las doce y diez y nada. Yo ya estaba envolviendo los mapas porque parecía que no iba a sonar cuando, pasadas las doce y cuarto, comenzó a oírse la canción. Y allí sí que pensé: no hay vuelta de hoja”.
Pocos minutos después, el capitán Salgueiro Maia reunió a todos los soldados del cuartel, alrededor de 700, y les dijo que sólo quería voluntarios después de una frase que ha pasado a la historia: “Hay, señores, tres clases de Estados: el Estado social, el Estado corporativo y el estado al que hemos llegado”. Todos dieron un paso al frente.
La misión de la Escuela Práctica de Caballería de Santarem era la más peligrosa y delicada de todas las acciones de aquel día: debían ocupar la Baixa lisboeta y los ministerios allí ubicados. “Llegamos muy pronto, a las seis de la mañana. Y entonces la gente empezó a acercarse, a preguntarnos. Todos estaban de nuestro lado. Nos decían: ‘Muy bien, vamos allá, viva la libertad”.
Con todo, hubo un momento decisivo: cuando cuatro tanques fieles al Gobierno cercaron al batallón de Maia en la ribera del Tajo. “Pero el cabo que debía obedecer al general de brigada que le ordenó abrir fuego se negó a hacerlo, y se encerró en la cabina del tanque para que el otro no le pegara un tiro con la pistola. Ahí se ganó el 25 de abril desde el punto de vista militar”, recuerda Beato. “Si ese cabo hubiera disparado habríamos muerto todos y se habría destruido la plaza”, aventura.
El cabo en cuestión, José Alves Costa, que aquel día tenía 24 años, ha permanecido hasta ahora en el anonimato, ya que trató, después de aquel día, pasar desaparecido. Y lo consiguió. Sólo en 2013 los periodistas Alfredo Cunha y Adelino Gomes lograron localizarlo en la aldea de Balazar, al norte de Portugal, donde vive.
Beato, que tras dejar el Ejército se licenció en Relaciones Internacionales y, entre otras cosas, fue alcalde de la ciudad de Grândola (la localidad que inspiró, casualmente, la canción-emblema de la Revolución de los Claveles), trabaja hoy como administrador en una caja de ahorros con función social.
Su agenda ha estado llena durante esta semana de conmemoraciones, encuentros, llamadas de periodistas y cenas de aniversario. Este viernes celebrará, solemnemente, junto a sus viejos compañeros, el 40 aniversario de la Revolución de los Claveles en un acto ajeno a la conmemoración oficial en el Parlamento, como señal de protesta contra la política de ajustes y recortes del Gobierno conservador de Pedro Passos Coelho.
“Las puertas que abrimos ese día están hoy un poquito más cerradas”, explica Beato, mirando hacia el suelo. Luego añade, sin perder la sonrisa: “Pero a pesar de que hay cosas que faltan, valió la pena jugarse la vida por un Portugal libre y democrático”.

La dignidad del hijo de un payés

Tito creció en un pequeño pueblo de Girona y heredó los valores del campo en su modo de ser y su trayectoria humana y profesional

“Todo irá bien”, repetía incluso cuando peor lo estaba pasando, a sus padres, a los que no quería contarles ni lo bueno ni, por supuesto, lo malo, a sus hijos y a sus amigos, metido en una lucha agónica contra la enfermedad que se lo ha terminado llevando. Tito Vilanova rehuyó, incluso, el contacto con los más cercanos en los últimos meses, cuando peor estaba, cuando sabía que todo se acababa, en su refugio de L’Escala escapando de la compasión, convencido de que no era justo hacer sufrir a la gente que quería. Prefirió eludir afectos y se aferró a la dignidad con la que creció en su pueblo, hijo de payeses, heredero legítimo de valores que hablan de la tierra, de campo. Así vivió y así murió, con los valores que le señalaron por leal, reflexivo, trabajador, sencillo, y recto. De Tito decían que cuando caía, caía de pie, digno y orgulloso. Tito Vilanova creció en un pueblo de 600 habitantes en el corazón de Girona, en Bellcaire de L’Empordà, y presumió de origen. “Cagarse no se cagará”, contó un amigo al explicar la manera en la que vivía el cargo y su lucha.
A Tito le gustó rodearse de amigos, por mucho que en los últimos meses rehuyera de todo. Por digno, prefirió abrazarse a su gran amor, Montse Chaure, la mujer con la que creció, soñó, luchó, sufrió y vivió desde que tenía 18 años, antes que dejarse compadecer. Fue tímido al declararse, pero cuando se ganó el amor, lo defendió de por vida.
“Tengo cuatro amigos, no más, me basta
y no los pierdo por nada”, solía decir
Le gustaba comer, especialmente caracoles, setas y los canelones de su suegra. Más allá de la mesa, su mayor pasión reconocida siempre fue la música y se le recuerda comprando discos de Julio Iglesias en tiendas de Barcelona para llevárselos a su madre. Fue suya la banda sonora del mejor Barça de la historia, básicamente porque él llevó a la ciudad deportiva el CD de Coldplay, pero le venía bien Serrat y escuchaba a Keane o a The Cure si convenía; si antes de los partidos, en el calentamiento del equipo, suenan los Blau Mut fue él quien lo propuso.
Presumía de tener pocos amigos —“cuatro, no más, me basta y no los pierdo por nada”, solía decir— y de tan fiel, entregó su amor a Montse Chaure cuando jugaba en el filial de Barcelona y con ella se casó en 1992. Mujer de carácter, barcelonesa, hizo camino de Barcelona a Mallorca, pasando por Vigo, Badajoz, Lleida y Elche hasta echar raíces en una casa con terraza en la ciudad condal que gustaba de iluminar con velas para cenar en verano a solas.
Amante de la música, fue suya la banda sonora del mejor Barça de la historia
Montse fue quien le hizo los mayores regalos que jamás hubiera soñado en su vida: Carlota, su hija mayor, la niña de sus ojos, esa mujer de la que tan orgulloso estaba, estudiante de Derecho —y según presumía siempre, “más guapa y más lista que sus padres”— y Adrià, jugador del juvenil B del Barça —“fichó antes de que yo volviera al club con Pep”, solía recordar siempre que intuía cualquier sospecha de los motivos por los que su hijo jugaba en el club—. A Tito le gustaba decir que Montse era, “de largo”, lo mejor que le había pasado en la vida. Y así la miró siempre
Lo cierto, dicen, es que fue Tito Vilanova el que resultó un regalo para cuantos le conocieron, en familia, entre amigos compartiendo mesa y mantel o en un vestuario. Fue futbolista y entrenador pero, por encima de todo, fue un buen amigo, un buen hijo, un gran marido, un gran padre y una persona que recordarán más allá de su muerte quienes le trataron.

miércoles, 2 de abril de 2014

El conflicto del sindicalismo español: representar a todos los trabajadores con las cuotas de unos pocos

Las centrales sindicales cuentan con menos recursos económicos que en la mayoría de países europeos, pese a tener una de las representatividades más altas
Los convenios y acuerdos que firman tienen eficacia general, es decir, sirven para todos los trabajadores, estén o no afiliados, y eso, aseguran, no incentiva a la afiliación
Para financiarse han recurrido en ocasiones a actividades no sindicales que han derivado en escándalos por la mala gestión de fondos
Trabajadores de Coca-Cola protestan contra el ERE cerca del Congreso
Trabajadores de Coca-Cola protestan contra el ERE cerca del Congreso. / Efe
España es el cuarto país de la Unión Europea con más representación sindical en sus empresas, tanto pequeñas como medianas y grandes. Según la Encuesta Europea de Empresas 2013, por delante sólo se encuentran Dinamarca, Finlandia y Lituania. La cobertura de la negociación colectiva es también una de las más elevadas de la UE (más del 80% de los trabajadores están resguardados), una cifra que equipara a España con los países nórdicos y centroeuropeos. Sin embargo, al hablar de financiación, la cosa cambia: es una de las más escasas de Europa.
"No hemos articulado bien un mecanismo para financiar a los sindicatos. Son entidades privadas, como los partidos, pero que ejercen unas funciones de interés general: la interlocución social, la negociación colectiva, formar parte de organismos públicos, la presencia en las empresas... El despliegue de todas sus funciones necesita apoyo económico", explica la catedrática de Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid Yolanda Valdeolivas.
Ella es una de los más de cien firmantes de un manifiesto en defensa de la actividad sindical que acaba de presentarse y en el que personas dedicadas a la investigación y la universidad piden que los poderes públicos aborden cuanto antes "el sostenimiento legal, económico y social" de los sindicatos "como instituciones imprescindibles para la defensa de los intereses que le son propios, que son hoy, más que nunca, los de todos los ciudadanos".
El fraude de los cursos de formación es la última noticia que ha puesto sobre el disparadero el problema de la financiación de los sindicatos. Pero en realidad el conflicto se enraíza muy atrás y lleva a otros escándalos anteriores como el de la cooperativa de las PSV del caso de UGT. Al final, los sindicatos buscan recursos financieros en actividades que no son las centrales del sindicato –como la organización de viajes– y es cuando aparecen los problemas.
En el modelo español, todos los trabajadores se benefician de la negociación colectiva, del diálogo social y de la actividad de los representantes sindicales en la empresa, es decir, su aplicación es universal. Sin embargo, sus costes corresponden a las propias organizaciones. ¿Cómo se financian? La principal fuente de financiación de los sindicatos mayoritarios –UGT y CCOO– son las cuotas de sus afiliados.
Precisamente, el hecho de que en España la negociación colectiva sea de eficacia general desincentiva la afiliación a los sindicatos. "Hay países donde la negociación colectiva es limitada y la afiliación es muy alta. Allí los convenios sólo afectan a los trabajadores sindicados y luego hay una vía de adhesiones que pasa por compensar por los gastos de negociación", explica Valdeolivas.

Menos dinero

Por otro lado, los Presupuestos Generales del Estado determinan una partida destinada a financiar parte de la actividad sindical y de las organizaciones empresariales. Esta cantidad depende de la representatividad de cada organización. Existe, además, otra partida para compensarles por su labor de interlocución social e institucional y su participación en órganos de representación. En total, la partida dirigida a la financiación sindical es ahora aproximadamente la mitad que hace dos años.
España es también uno de los seis países europeos con el porcentaje más bajo de empresas que financian la actividad sindical y con menos medios para formar a los representantes de los trabajadores, según muestran varios indicadores de la OCDE y la Comisión Europea.
Las organizaciones sindicales también arañan recursos de otros caladeros: cobro de algunos servicios a trabajadores no afiliados, alquiler de espacios e instalaciones o, por ejemplo, subvenciones para impartir cursos de formación. No obstante, estas últimas tienen un carácter finalista, es decir, sólo pueden emplearse para llevar a cabo la acción para las que han sido concedidas. Los sindicatos (como el resto de empresas u organizaciones que pueden acceder a estas subvenciones) se quedan un pequeño margen de beneficio como gastos de gestión.
El exministro de Trabajo Valeriano Gómez, uno de los firmantes del manifiesto, sostiene que los sindicatos no deben convertirse en "grandes academias de formación", sino que deben concentrarse en la defensa de los intereses de los trabajadores. "Mientras que hemos creado un modelo sindical cuya eficacia se extiende a todos los trabajadores, no hemos creado los medios para que las organizaciones sindicales puedan sostenerse, y eso está generando problemas constantemente", asegura.
En España hubo un intento por mejorar la financiación sindical a través del llamado canon de negociación: una cantidad proporcional al salario que cada trabajador afectado por un convenio pagaría como compensación por los gastos generados por el proceso. El Tribunal Constitucional, sin embargo, tumbó la idea por considerarla una forma de presionar indirectamente para que las personas se afiliaran. Después de eso, no hubo más intentos por introducir novedades.
Con todo, los escándalos en la gestión de los cursos de formación han puesto este problema bajo el foco. Urge una solución y, por lo pronto, los expertos abogan por instaurar unas auditorías internas exhaustivas que aseguren que los fondos que mueven los sindicatos y las organizaciones empresariales se utilizan debidamente. "En realidad son organizaciones muy grandes y muy federalizadas, es muy difícil controlar hasta el último euro", comenta un sindicalista.
El Gobierno ha puesto sobre la mesa una reforma de la financiación de los cursos de formación, pero los sindicatos lamentan que sólo se abogue por su privatización sin intentar enfrentar los problemas de fondo.


martes, 1 de abril de 2014

La Guerra Civil que nunca se aprendió en las escuelas

Por:  | El País/ 01 de abril de 2014
Cartel de Arnau sobre un parte oficial del cuartel general del Generalísimo. / Biblioteca Nacional (BNE)
“En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército rojo, nuestras tropas victoriosas han alcanzado sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado”, decía el último parte oficial emitido desde el cuartel general de Franco el 1 de abril de 1939, con la voz del locutor y actor Fernando Fernández de Córdoba.
Atrás había quedado una guerra de casi mil días, que dejó cicatrices duraderas en la sociedad española. El total de víctimas mortales, según los historiadores, se aproximó a las 600.000, de las cuales 100.000 corresponden a la represión desencadenada por los militares sublevados y 55.000 a la violencia en la zona republicana. El desmoronamiento del ejército republicano en la primavera de 1939 llevó a varios centenares de miles de soldados vencidos a cárceles e improvisados campos de concentración. A finales de 1939 y durante 1940 las fuentes oficiales daban más de 270.000 reclusos, una cifra que descendió de forma continua en los dos años siguientes debido a las numerosas ejecuciones y a los miles de muertos por enfermedad y desnutrición. Al menos 50.000 personas fueron ejecutadas entre 1939 y 1946.
Los hechos más significativos de la Guerra Civil han sido ya investigados y las preguntas más relevantes están resueltas, pero esa historia no es un territorio exclusivo de los historiadores y, en cualquier caso, lo que enseñamos los historiadores en las universidades y en nuestros libros no es lo mismo que lo que la mayoría de los ciudadanos que nacieron durante la dictadura o en los primeros años de la actual democracia pudieron leer en los libros de texto del Bachillerato. Además, millones de personas nunca estudiaron la Guerra Civil porque no hicieron Bachillerato o porque nadie les contó la guerra en las asignaturas de Historia.
Setenta y cinco años después de su final, puede ser el momento de recordar cinco cosas básicas que todo ciudadano informado debería saber sobre la Guerra Civil, pero nunca le enseñaron.
 1. ¿Por qué hubo una Guerra Civil en España?
En 1936 había en España una República, cuyas leyes y actuaciones habían abierto la posibilidad histórica de solucionar problemas irresueltos, pero habían encontrado también, y provocado, importantes factores de inestabilidad, frente a los que sus gobiernos no supieron, o no pudieron, poner en marcha los recursos apropiados para contrarrestarlos.
La amenaza al orden social y la subversión de las relaciones de clase se percibían con mayor intensidad en 1936 que en los primeros años de la República. La estabilidad política del régimen también corría mayor peligro. El lenguaje de clase, con su retórica sobre las divisiones sociales y sus incitaciones a atacar al contrario, había impregnado gradualmente la atmósfera española. La República intentó transformar demasiadas cosas a la vez: la tierra, la Iglesia, el Ejército, la educación, las relaciones laborales. Suscitó grandes expectativas, que no pudo satisfacer, y se creó pronto muchos y poderosos enemigos.
La sociedad española se fragmentó, con la convivencia bastante deteriorada, y como pasaba en todos los países europeos, posiblemente con la excepción de Gran Bretaña, el rechazo de la democracia liberal a favor del autoritarismo avanzaba a pasos agigantados. Nada de eso conducía necesariamente a una guerra civil. Ésta empezó porque un golpe de Estado militar no consiguió de entrada su objetivo fundamental, apoderarse del poder y derribar al régimen republicano, y porque, al contrario de lo que ocurrió con otras repúblicas del período, hubo una resistencia importante y amplia, militar y civil, frente al intento de imponer un sistema autoritario. Sin esa combinación de golpe de Estado, división de las fuerzas armadas y resistencia, nunca se habría producido una guerra civil.  
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Vista la historia de Europa de esos años, y la de las otras República que no pudieron mantenerse como regímenes democráticos, lo normal es que la República española tampoco hubiera podido sobrevivir. Pero eso no lo sabremos nunca porque la sublevación militar tuvo la peculiaridad de provocar una fractura dentro del Ejército y de las fuerzas de seguridad. Y al hacerlo, abrió la posibilidad de que diferentes grupos armados compitieran por mantener el poder o por conquistarlo. El Estado republicano se tambaleó, el orden quebró y una revolución radical y destructora se extendió como la lava de un volcán por las ciudades donde la sublevación había fracasado. Allí donde triunfó, los militares pusieron en marcha un sistema de terror que aniquiló físicamente a sus enemigos políticos e ideológicos. Era julio de 1936 y así comenzó la Guerra Civil española.
2. ¿Por qué la propaganda domina a la historia cuando se trata de la violencia?
Para los españoles, la guerra civil ha pasado a la historia, y al recuerdo que de ella queda, por la deshumanización del contrario y por la espantosa violencia que generó.
Los bandos que se enfrentaron en ella eran tan diferentes desde el punto de vista de las ideas, de cómo querían organizar el Estado y la sociedad, y estaban tan comprometidos con los objetivos por los que tomaron las armas, que era difícil alcanzar un acuerdo. Y el panorama internacional tampoco dejó espacio para las negociaciones. De esa forma, la guerra acabó con la aplastante victoria de un bando sobre otro, una victoria asociada desde ese momento a los asesinatos y atrocidades que se extendían entonces por casi todos los países de Europa.
La apelación a la violencia y al exterminio del contrario fueron además valores duraderos en la dictadura que se levantó sobre la Guerra Civil y que iba a prolongarse durante casi cuatro décadas. Por eso, la sociedad que salió del franquismo y la que creció con la democracia mostró índices tan elevados de indiferencia hacia la causa de las víctimas de la Guerra Civil y de la dictadura. Y sigue sin haber acuerdo fácil en esa cuestión, porque todas las complejas y bien trabadas explicaciones de los historiadores quedan reducidas a quién mató más y con mayor alevosía. En ese tema, todavía hoy, la propaganda, con sus habituales tópicos y mitos, suele sustituir al análisis histórico.
3. ¿Cómo se vio y se ve la Guerra Civil española en el exterior?
Pese a lo sangrienta y destructiva que pudo ser, la Guerra Civil española debe medirse también por su impacto internacional, por el interés y la movilización que provocó en otros países. En el escenario internacional desequilibrado por la crisis de las democracias y la irrupción del comunismo y de fascismo, España era, hasta julio de 1936, una país marginal, secundario. Todo cambió, sin embargo, a partir de la sublevación militar de ese mes. En unas pocas semanas, el conflicto español recién iniciado se situó en el centro de las preocupaciones de las principales potencias, dividió profundamente a la opinión pública, generó pasiones y España pasó a ser el símbolo de los combates entre fascismo, democracia y comunismo.
Lo que era en su origen un conflicto entre ciudadanos de un mismo país derivó muy pronto en una guerra con actores internacionales. La situación internacional era en ese momento my poco propicia para la República, y para una paz negociada, y eso marcó de forma decisiva la duración, curso y desenlace de la guerra civil española. La Depresión había alimentado el extremismo y minado la fe en el liberalismo y la democracia. Además, la subida al poder de Hitler y los nazis en Alemania y la política de rearme emprendida por los principales países europeos desde comienzos de esa década crearon un clima de incertidumbre y crisis que redujo la seguridad internacional.
Los mejores expertos sobre la financiación de la guerra y su dimensión internacional han destacado el desequilibrio a favor de la causa franquista de suministros de material bélico, pero también de asistencia logística, diplomática y financiera. Al margen de las interpretaciones canónicas de un lado o de otro, esos historiadores subrayan la trascendencia de la intervención extranjera en el curso y desenlace de la guerra. La intervención de la Alemania nazi y de la Italia fascista y la retracción, en el mejor de los casos, de las democracias occidentales condicionaron de forma muy importante, si no decisiva, la evolución y duración del conflicto y su resultado final.
Compañía del ejército fascista, de marcha por España durante la Guerra Civil. La foto fue tomada en 1937 por el teniente italiano Guglielmo Sandri.Pero  a España no sólo llegaron armas y material de guerra. Llegaron también muchos voluntarios extranjeros, reclutados y organizados en las Brigadas Internacionales por la Internacional Comunista, que percibió muy claramente el impacto de la Guerra Civil española en el mundo y el deseo de muchos antifascistas de participar en esa lucha. Frente a la intervención soviética y a las Brigadas Internacionales, los nazis y fascistas [en la foto, una compañía del ejército fascista de marcha por España en 1937, retratados por el teniente italiano Guglielmo Sandri] incrementaron el apoyo material al ejército de Franco y enviaron asimismo miles de militares profesionales y combatientes voluntarios. La guerra no era sólo un asunto interno español. Se internacionalizó y con ello ganó en brutalidad y destrucción. Porque el territorio español se convirtió en campo de pruebas del nuevo armamento que estaba desarrollándose en esos años de rearme, previos a una gran guerra que se anunciaba.
4. ¿Por qué se movilizaron tantos extranjeros en la guerra española?
Dentro de esa guerra internacional en suelo español hubo varias y diferentes contiendas. En primer lugar, un conflicto militar, iniciado cuando el golpe de Estado enterró las soluciones políticas y puso en su lugar las armas. Fue también una guerra de clases, entre diferentes concepciones del orden social, una guerra de religión, entre el catolicismo y el anticlericalismo, una guerra en torno a la idea de la patria y de la nación, y una guerra de ideas que estaban entonces en pugna en el escenario internacional. En la guerra civil española cristalizaron, en suma, batallas universales entre propietarios y trabajadores, Iglesia y Estado, entre oscurantismo y modernización, dirimidas en un marco internacional desequilibrado por la crisis de las democracias y la irrupción del comunismo y del fascismo. Por eso tanta gente de diferentes países, obreros, intelectuales y escritores, se sintió emocionalmente comprometida con el conflicto.
5. ¿Por qué ganó Franco la guerra?
Los militares sublevados en julio de 1936 ganaron la guerra porque tenían las tropas mejor entrenadas del ejército español, al poder económico, estaban más unidos que el bando republicano y los vientos internacionales soplaban a su favor. Después de la Primera Guerra Mundial y del triunfo de la revolución en Rusia, ninguna guerra civil podía ser ya sólo “interna”. Cuando empezó la Guerra Civil española, los poderes democráticos estaban intentando a toda costa “apaciguar” a los fascismos, sobre todo a la Alemania nazi, en vez de oponerse a quien realmente amenazaba el equilibrio de poder. La República se encontró, por lo tanto, con la tremenda adversidad de tener que hacer la guerra a unos militares sublevados que se beneficiaron desde el principio de esa situación internacional tan favorable a sus intereses.
La victoria incondicional de las tropas del general Francisco Franco, el 1 de abril de 1939, inauguró la última de las dictaduras que se establecieron en Europa antes de la Segunda Guerra Mundial. La dictadura de Franco, como la de Hitler, Mussolini u otros dictadores derechistas de esos años, se apoyó en el rechazo de amplios sectores de la sociedad a la democracia liberal y a la revolución, quienes pedían a cambio una solución autoritaria que mantuviera el orden y fortaleciera al Estado.  
  Franco preside un desfile militar en los años cuarenta
Setenta y cinco años después, pocos creen ya que el objetivo del historiador es presentar a sus lectores “la verdad sin mancha ni pintura”, o que el pasado existe independiente de la mente de los individuos y lo que tiene que hacer el historiador, en consecuencia, es representarlo de forma objetiva. Que los hechos de la historia nunca nos llegan a nosotros en estado “puro” es algo que popularizó Edward H. Carr hace ya muchos años y había sido ya dicho por los historiadores norteamericanos de la “New History” a comienzos del siglo XX. Pero asumiendo que la verdad absoluta es inalcanzable, la función del historiador debería ser todavía, en palabras de François Bedarida, “la de descubrir modestamente las verdades, aunque sean parciales y precarias, descifrando parcialmente en toda su riqueza los mitos y las memorias”. Y algunas verdades relativas y bastantes certezas tenemos ya sobre la Guerra Civil, después de tantos intentos por reconstruir aquellos hechos y las vidas de los que los presenciaron, y por ampliar el foco, las fuentes y las técnicas de interpretación.
Además de difundir el horror que la guerra y la dictadura generaron y de reparar a las víctimas durante tanto tiempo olvidadas, hay que convertir a los archivos, museos y a la educación en las escuelas y universidades en los tres ejes básicos de la política pública de la memoria. Más allá del recuerdo testimonial y del drama de los que sufrieron la violencia, las generaciones futuras conocerán la historia por los libros, documentos y el material fotográfico y audiovisual que seamos capaces de preservar y legarles. Archivos, erudición, análisis, debates y buenas divulgaciones de los conocimientos. Eso es lo que necesitamos para seguir construyendo las partes del pasado que todavía quedan por rescatar. La propaganda y la opinión son otra cosa.
Julián Casanova es autor de España partida en dos. Breve historia de la guerra civil española (Crítica).